Continuación... Parte III de III
EL MAMBO • preludio y síntesis,  por Chico Alvarez (Para regresar a la primera parte)
EL MIX • juntos pero no revueltos

Aún para esa época la clientela del Palladium no era exclusivamente latina. Casi inmediatamente
se estableció un patrón. Por ejemplo, los miércoles la mayoría de los que iban eran judíos e
italianos. En esta noche, el destacado bailarín “KILLER’ JOE PIRO daba clases de baile. Los
viernes por la noche se llenaba de latinos, en su gran mayoría puertorriqueños que habían
nacido en Nueva York o que habían emigrado muy jóvenes allí. Este era un grupo de jóvenes más
americanizados, que hablaban un inglés perfecto y que se consideraban como el “hip crowd” (“la
gente que esta en algo” o “la gente sofisticada”). Los sábados estaba reservado para
una clientela más “criolla” en su naturaleza. Igual que los viernes, este grupo era en su mayoría
puertorriqueños, pero estaban clasificados como “hicks” (jíbaros), por su forma de vestir y su
manera más sencilla. Muchos de estos estaban recién llegados de la isla o criados en la isla, y
llevaban esa “pinta”.
No hablaban casi nada de inglés. El sábado también era el día en que otros grupos latinos,
procedentes del Caribe o de Sudamérica iban al Palladium a bailar. Los cubanos que bailaban en
el Palladium casi siempre pertenecían al primer grupo, pero muchas veces se mezclaban con el
otro, dependiendo de que parte de Cuba eran oriundos. Si eran, por ejemplo, de La Habana,
siendo un lugar cosmopolitano, pues ligaban más con el grupo de los viernes. Si eran del interior
o de Oriente pues tenían más afinidad con el grupo de los sábados, aunque muy pocas veces se
veía un cubano con pinta de “guajiro” en Nueva York, y mucho menos en el Palladium, ya que se
comentaba que todos los cubanos eran de La Habana. A veces, cuando los “hip” (pronunciado
“jip”) se mezclaban con los “hicks” (pronunciado “jiks”) se formaban broncas, debido al conflicto
cultural entre estos dos grupos. Un señor que yo conozco, cuyo nombre es “Cocolizo” y que se
puede calificar como un “jíbaro refinado”, me lo contó de esta manera: “Los ‘nuyoricans’ (el apodo
que se le aplicaba a los ‘jip’) nos menospreciaban porque nosotros no sabíamos hablar inglés y
porque no éramos  ‘sofisticados’ en nuestro hablar o en nuestro vestuario, o porque bailábamos
diferente a ellos. Para nosotros ellos habían perdido su cultura y se identificaban con aquellos
que nos tenían colonizados y que nos discriminaban diariamente. Después, para los sesenta, la
juventud nuestra se identificó con la comunidad americana de color, que estaba luchando por
tener su propia identidad, y rechazaron la tradición de nuestros abuelos. Por muchos años nos
mantuvimos separados, aún siendo de la misma descendencia. En retrospectiva, me doy cuenta
que eso nos hizo mucho daño y que lo único que teníamos en común era nuestro arte culinario y
nuestro afán por la música cubana. Para mí era triste, porque nosotros los boricuas tenemos una
cultura muy bella y una música que es nuestra, que es la música jíbara, la plena y la bomba, que
es muy africana también, a pesar de que nos gusta mucho escuchar la música de otras culturas,
especialmente la de nuestros hermanos cubanos. Aquella separación no era para el beneficio de
nosotros, y yo lamentaba mucho que en el Palladium no se presentaba nuestra música autóctona
como se presentaba la música cubana y en algunas ocasiones la música dominicana. Sabes, la
misma sangre corre por nuestras venas, y creo que es por esa razón que las cosas han
cambiado tanto. Ahora, nuestros hijos, los que nacieron aquí, son los que quieren ser “jíbaros” y
se han unidos más a nosotros. Sin embargo, nuestros nietos se han alejado bastante de las
raíces, y como nosotros, a ellos también les gusta oír y bailar la música cubana. Mi pana, te digo
que la historia se repite pero que podemos hacer. La única diferencia es que ahora los
chamaquitos quieren oír esa música que le llaman “rap” que es un insulto a nuestros valores. Es
una música, si se le puede llamar así, que conduce nuestra juventud a la violencia y a la falta de
respeto. No te quiero decir con esto que en aquellos tiempos no había violencia. En el mismo
Palladium, se formaban algunos conflictos entre los neuyorricans y los jíbaros, y a veces
terminaba con una pelea. Y cuando alguno de estos líos se formaba y la cosa se ponía un poco
fea, enseguida entraban en “acción”’ los dos famosos hermanos TONY y PETE ANGELLETTE.
Con solo un empujón de uno de estos dos era suficiente para ponerle punto y final al asunto. Con
esos rubios si que no se jugaba!”.

El domingo era el día en que los afroamericanos demostraban su habilidad en la pista y su
afinidad por los ritmos cubanos. Eran considerados por el propio Machito como los mejores
intérpretes de la época mambera, y aportaron a este baile varias innovaciones. Mezclaron ciertos
movimientos del clásico baile cubano con movimientos del “jitterbug” y del “lindy hop” y nunca se
le han dado méritos por esto. En cuanto a la separación de los grupos étnicos no se sabe bien el
“por qué” de estas reglas. Quizás fueron impuestas por ellos mismos. O quizás reflejaban a una
sociedad que todavía no había llegado a aceptar la igualdad total. Fueron reglas que surgieron
durante la época en que la integración racial no se había establecido y aunque no fueron
impuestas por la ley,  existían de todas formas. Estas normas empezaron a desaparecer por la
mitad de los años sesenta y coinciden con ciertos cambios económicos, sociales y políticos. El
Palladium cerró sus puertas para siempre en el año 1966.

MAMBONIKS • estilo y caché

Otra regla del Palladium era esta: nadie se podía parar delante de la orquesta, pues esta era una
área reservada exclusivamente para los bailadores. La única excepción se hacía cuando había
algunos soldados en uniforme de visita. También el vestuario era muy importante. Se usaba
siempre traje y corbata, o una chaqueta (“saco” o “gabán” para los criollos).  Si no observabas
este criterio no entrabas. Punto. Y si por “h” o “v” te botaban del club, por cualquier motivo,
podías tener la seguridad de que nunca jamás regresabas allí.

De vez en cuando, agarraban a un infeliz fumándose un “pito” (cigarro de marihuana) en el baño,
y lo sacaban rápidamente, si no era que un policía “narco” se lo llevaba esposado. Esto sucedía
raramente, porque los propietarios siempre quisieron mantener la imagen del club como un lugar
“limpio” y sano. Y así fue, hasta que empezaron a llegar ciertos elementos allá por el ’65  ó  ‘66.
Aún con todo esto el lugar mantuvo  la misma fama y atracción que gozaba en los años cuarenta
o cincuenta. Artistas como FRANK SINATRA, MARLON BRANDO, JUDY GARLAND, SAL MINEO,
NAT ‘KING’ COLE, COUNT BASIE, SAMMY DAVIS JR. y BOBBY DARIN visitaban al club para
socializar.

Algunos, como Brando, Darin y Davis se encontraban a menudo en la pista echando un pie junto
a los famosos mamberos del patio como ANIBAL VELAZQUEZ, LUIS MAQUINA, ANA ARRAYA  y
ERNIE EINSLEY. Parejas se enamoraban, se casaban y después de criar una familia, regresaban
al Palladium con sus hijos para seguir el eterno mamboleo. Hoy en día no es nada de raro ver
alguna pareja, ya bastante madura, que tiren esos pasos mamberos que le dieron fama al
Palladium, mientras que algunos jóvenes los miran atentamente, tratando de descifrar la técnica y
el estilo de esos “mamboniks” (nombre que los músicos de la época le pusieron a la fanaticada
que los seguían por do quiera). Ya hoy en  día es difícil encontrar alguna persona de la “nueva”
generación que sepa ejecutar ese baile, aunque ha surgido un renacimiento del género y un
interés por el aprendizaje del mismo. En los últimos cinco años el mambo ha cogido impulso de
nuevo, pero ha sido principalmente en los círculos que frecuentan personas de origen europeo,
asiático y africano. Los latinos de hoy, como dijo el señor Cocolizo, están más involucrados en el
“rap”, el “pop”, el merengue y la tal llamada “salsa” (que es simplemente una extensión del
antiguo mambo, un poco más lenta, con un texto algo monótono y que tira hacia lo vulgar).

Quizás se haya quedado mucho por hablar sobre este lugar legendario, pero de esto nos
aseguramos, como el Palladium no hay nada en la actualidad que se asemeje, y si buscamos
algo que sea comparable a aquella época gloriosa del mambo, nos quedamos corto, pues en
realidad no existe hoy tal cosa.                 

Autor Chico Alvarez Peraza.
Todos los derechos son reservados.
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Historia de un mismo baile: Salsa o Casino
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