2.-Por siempre Tony

Por Waldo Fernández

Recordar es volver a vivir. Y si de leyendas
se trata, este mes (febrero, 2006)
recordaremos al grande de Cuba... Tony
Alvarez.















Este próximo 19 de Marzo, se cumplen 5
años de la muerte del legendario TONY
ALVAREZ, quien fuera una gloria de Cuba.

Tony Álvarez, legendaria figura de la
canción cubana junto a su esposa, Olga
Choréns, murió en Miami a los 83 años de
un cáncer de pulmón. Tony y Olga, su
esposa, hicieron famoso el dúo "Olga y
Tony", primero en la televisión de Cuba en
los años cincuenta, luego en Puerto Rico y
después en el resto de los países
latinoamericanos. Pese a su avanzada edad,
Álvarez todavía seguía cantando con su
esposa y tenían un programa en Telemiami
y otro en Radio Mambí. Olga y Tony tienen
dos hijas: la cantante Lissete Álvarez, quien
está casada con el también cantante Willy
Chirino, y Olguita Álvarez, presentadora del
programa de noticias del Canal 47 de Nueva
York.

Tony Álvarez se inició en Cuba como
locutor, cantante y modelo, y en los años 40
tuvo un programa de tangos en la Cadena
Azul.

"Olga y Tony" se convirtieron en ídolos de
la farándula cubana y recibieron incontables
premios de reconocimiento, entre ellos el
Miss y Mr. Televisión.

Tras en triunfo de la revolución, salieron de
Cuba en la década de los 60 y se trasladaron
a Puerto Rico, donde comenzaron su
programa "El Show de Olga y Tony", en la
cadena hispana de Televisión "Telemundo".
En el exilio, Olga y Tony siguieron logrando
grandes éxitos, tanto entre los cubanos, que
confirmaron y fortalecieron vínculos
establecidos en la isla, como entre los
latinoamericanos, pues ellos llevaron sus
voces y sus afectos a casi todas las tierras
de América.

Tony Álvarez era un hombre que había
disfrutado plenamente de la vida.

Tenía una gran pasión por el canto y era un
aficionado al piano y a la guitarra.

"Olga y Tony" recibieron una Estrella en el
Paseo de Estrellas de la Calle 8 en Miami
(Florida), en 1999.

La primera vez que los ví fue en su famoso
show de televisión de la CMQ.

Todavía puedo sentir el amor que la
audiencia les demostraba ese dia a ellos.
Olga y Tony trataban de complacer a su
audiencia cuando les pedían ciertas
canciones que cantaran y siempre el nombre
de esa persona era mencionada después que
él o ella la cantaba. También recuerdo que
cuando ellos abrían su show con su tema
"Cantemos Siempre Cantemos" Tony le
preguntaba a la audiencia "¿Cómo están
ustedes.? Y cuando ellos replicaban "Bien"
Tony les decía "¿Bien?" Entonces la
audiencia con más fuerza gritaba
"¡BIEEEN!" Entonces Tony le decía a la
audiencia en el estudio "Lo demás no
importa" .

Entre los artistas de la Cuba de ayer, Olga y
Tony eran de los mas queridos.
En el aniversario de su fallecimiento, me
uno a los miles de cubanos que cada dia lo
extrañan y recuerdan sus canciones, entre
ellas los valses peruanos a los que nos
tenían acostumbrados.

Siempre te recordaremos con cariño Tony,
y donde quiera que estes, recibe las
bendiciones que te mereces, no sólo como
artista, sino como ser humano.
¡Dios te bendiga!


Waldo Fernández
marakka2000@yahoo.com


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3.-¿Son de la
loma?

Por Waldo Fernández

Cuando el Trío Matamoros
interpretó por primera vez la
famosa canción esta se
llamaba "Mamá, son de la
loma". Posteriormente el
pueblo la acuñó como "Son
de la
loma". “De dónde serán, ay
mamá/ serán de La Habana,
serán de Santiago, tierra
soberana/ son de la loma...”
De seguro Miguel
Matamoros apostó por las
estrofas que a su mente
llegaban y sin pérdida de
tiempo armó letra a letra,
nota a nota, aquella melodía
contagiosa y simple, quizás
la más famosa en la
mismísima cuna del inmortal
género musical.

Matamoros púsole por
nombre "Mamá, son de la
loma", pero Cuba entera lo
llamaría "Son de la loma".  
El creador no aludía al son
como género, sino que se
refería a la tercera persona
del plural, modo indicativo
del presente del verbo ser.
Hoy, muchos
años después, nadie osaría
nombrarlo como
originalmente le llamó su
creador, que dicho sea de
paso, también llegó a
llamarlo como el pueblo
acuñó.

El señalado no es, ni mucho
menos, el único ejemplo en
el pentagrama musical
cubano e internacional, pues
son innumerables las
canciones que por una
razón u otra perdieron su
nombre y todos, incluidos
los medios de información,
la llaman de una manera
diferente a como
originalmente quisieron sus
autores.

Ernesto Duarte, un muy
conocido compositor
cubano, creó una bellísima
página que tituló "Ven aquí a
la realidad", pieza antológica
en la voz del fallecido
Fernando Álvarez. Pues
bien, esa canción es por
todos conocida como
"Bájate de esa nube".
Algo similar ocurre con dos
fantásticas canciones
interpretadas por Benny
Moré. Me refiero a "Tú me
sabes comprender" y "Qué
te hace pensar", nombradas
así por Ricardo Pérez
Martínez, su autor, pero que
para las grandes mayorías
responden al título de "Vida"
y "Alma mía",
respectivamente.

Bienvenido Julián Gutiérrez,
el creador de
"Convergencia", compuso
una página a la que llamó
"Ese hombre es un diablo",
pero en el montuno se
mencionaba "al diablo tun
tun", nombre este último
por el que la mayor parte de
las personas conoce la
canción.

¿Quién no ha cantado, o al
menos tarareado alguna vez
"En el tronco de un árbol"?
Pues bien, no se llama así
esa hermosa canción de
Eusebio Delfín. Su nombre
original es ¿"Y tú qué has
hecho"?

Un buen día el trovador
Oscar Hernández comenzó
a sentir una frase que lo
martillaba incesantemente:
“...en el sendero de mi
vida...” Al estampar su
nombre en ese tema el autor
la llamó "Ella y yo", mas
todos creen que su título es,
precisamente el de la estrofa
que ronroneaba al
compositor.

Para Luis Casas Romero no
había dudas. Quería insinuar
a su amada lo que pasaría si
llegaba a besarla como había
soñado. Entonces tituló "Si
llego a besarte",
pero la inolvidable canción
desde siempre fue conocida,
incluso internacionalmente,
como "Dame un beso".

EL HÁBITO HACE AL
MONJE
Para Manuel Villar,
reconocido musicólogo, la
gente evade los títulos
complicados y comienza a
llamar a determinada
canción por la frase más
simple y pegajosa. “Casi
siempre las personas se fijan
en el principio de la canción,
en frases completas, y en
algo que sobresalga en el
montuno, eso es lo que más
se pega”, subraya. Villar
ejemplifica con "Suavecito"
y "Échale salsita", ambos de
Ignacio Piñeiro. “En
canciones como esas nunca
habrá problemas, pues sus
títulos evidencian una exacta
concordancia con la palabra
más pegajosa, la de mayor
impacto y que son,
precisamente, "Suavecito",
y "Échale salsita".

Otro asunto, refiere Villar,
es el de los poemas
musicalizados. “Por
ejemplo, Guillén escribió un
poema que nombró
"Canción". Más tarde fue
musicalizado y bautizado
como "De qué callada
manera". En esta situación
juegan los mismos
elementos que con las
canciones, pero quienes
ponen música en ocasiones
asumen el derecho de
nombrar la pieza de una
manera diferente”.

LO MISMO EN EL
CANCIONERO
INTERNACIONAL
En el cancionero
internacional suceden
fenómenos similares. La
mexicana María Grever
escribió "Te quiero dijiste",
pero todos la llaman
"Muñequita linda". El
boricua Rafael Hernández,
entre los más grandes
autores de nuestra zona
geográfica, escribió "Ahora
seremos felices". Pero su
intento falló, porque todos la
llaman "La casita". Del
mismo autor es "Lamento
borincano", al que todos
llamamos "El jibarito".

En similar caso está Pedro
Flores, el otro grande del
cancionero popular
puertorriqueño. Concibió
"Las calles de San Juan" y
su pueblo se encargó de
cambiarle el nombre por el
de "Blancas azucenas".

Para terminar veamos el
ejemplo de un tema
internacional. En nuestro
medio ¿quién no conoce "As
time goes by"? (Según pasa
el tiempo). Creo no
equivocarme si aseguro que
muy pocos responderían
afirmativamente. Más, si
pregunto quién conoce la
canción "Casablanca", todos
alzarían sus manos. Es,
quizás, uno de los temas
más famosos e inolvidables
surgidos a partir de una
película. "Casablanca" no es
el título de la canción que
interpreta Sam, sino,
precisamente "As time goes
by".
El pueblo identifica las
canciones por sus estrofas
repetidas (los mambos), así
que solo queda esperar que
futuras generaciones,
conozcan de los títulos
originales.

Waldo Fernández
marakka2000@yahoo.com
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1.-El cancionero Cubano

Por Waldo Fernández

Injusticias en el cancionero cubano. Roig puso
música a un texto de Agustín Rodríguez, pero de
este autor nunca se habla ni aparece en los
créditos.
¿Es María Teresa Vera la autora de la habanera
“Veinte años”?.
Siempre oí decir que la famosa pieza “Quiéreme
mucho” era de la autoría de Gonzalo Roig y que
otro grande, Graciano Gómez, compuso aquello
de “yo sé que hay heridas, que cierran en
falso...”.Pero no sabía que en ambos casos esos
grandes creadores lo habían sido sólo de la
música, pues la letra, en el primer caso era de
Agustín Rodríguez y, en el segundo, del poeta
Gustavo Sánchez Galarraga, autor también de los
textos de varias canciones de Ernesto Lecuona.
Alberto Villalón, universalmente conocido como
uno de los Grandes de la Trova Cubana, casi
siempre utilizaba textos de poetas “y llegó a decir
que si existían excelentes textos, ¿para qué
romperse la cabeza?”.
Para casi todos el famoso canto de cuna “Drume
Negrito” es de Eliseo Grenet. Pero no, su autor
es Ernesto Grenet, hermano de Eliseo, aunque
menos famoso. ¿Quién no ha oído que la
habanera “Veinte años” es de María Teresa Vera?.
Pues el texto es de Guillermina Aramburu,
también nacida en Guanajay, y autora de muchas
letras de canciones únicamente atribuidas a la
inmortal Maria Teresa.
A esa inmensa trovadora también se le atribuye
“He perdido contigo”, texto del villareño Luis
Cárdenas Triana. A Arsenio Rodríguez se le
endilga “No me llores más” y ese es un son de la
autoría de Luis Martínez Griñán, Lilí, a su vez
pianista del conjunto del Ciego Maravilloso. En el
caso de los danzones la cosa es más complicada
y las injusticias quizás más difíciles de explicar.
Técnicamente el danzón tiene varias partes:
introducción, parte de violín y un final que casi
siempre es un montunito. Pues bien, muchos,
muchísimos autores “cogían prestada” esa
segunda parte. La cogían de una zarzuela, una
ópera, la trova o de cualquier tema popular, ya
fuera del cancionero nacional o internacional y al
final se atribuían la autoría completa. El danzón
Casablanca es un ejemplo de ello. Algo similar
sucede con Rosa Roja, que tiene música de
Oscar Hernández. Antonio María Romeu lo hizo
danzón y al salir el disco éste tenía estampada la
autoría de Antonio María. “En realidad nadie
conocía Rosa Roja y cuando Romeu lo hizo
danzón fue que cogió popularidad. Pero míre, la
cosa se complica porque la letra es del periodista
Antonio Ramos, quien siempre reclamó como
suyo ese texto”. Para la gran mayoría el autor del
célebre danzón “Tres lindas cubanas” también es
Antonio María Romeu y pocos, muy pocos,
reconocen a Guillermo Castillo, quien fuera
integrante del Septeto Habanero, como el creador
de la música. Romeu hizo el danzón con la
melodía del son de Castillo y para colmo, más
tarde, ya como cantante oficial de la orquesta de
Romeu, Barbarito Diez cantaba ese danzón con la
letra original del son de Castillo. ¿INJUSTICIAS ?
El tema, por si solo, resulta apasionante, y
pudiera ser génesis de muchas aristas para los
investigadores. Manuel Villar, toda una autoridad,
resume así el asunto: “Son innumerables los
ejemplos de injusticias en el cancionero popular
cubano. Ha predominado siempre el acreditar la
autoría a los creadores de la música en
detrimento del letrista. Creo que eso se puede
atribuir a una decisión histórica en que la
preferencia casi siempre la ha tenido el músico. Y
decimos así porque se da el caso de Nicolás
Guillén y sus versos musicalizados. Nadie habla
de quien les puso musica, sino sólo de Nicolás,
por lo que este es uno de los pocos ejemplos
donde ganó al autor de la letra”.
El reconocido musicólogo también ilustra sus
planteamientos con muchos cantantes, cuyas
impronta y calidad los ha hecho “autores” de
numerosas canciones.
“En ese caso están Benny Moré, Bola de Nieve y
la propia María Teresa Vera, entre otros. Mucha
gente cree que “¿Cómo fue?” es de Benny y no
saben que es de Ernesto Duarte y que “Vete de
mí” es de Bola, cuando sus autores son los
Hermanos Expósito, de Argentina”. También se
daba el caso de autores que lo eran del texto y de
la música. Pero muchos trovadores recibían
textos de poetas amigos a quienes no les
interesaba el crédito. “Antiguamente en las hojitas
de los almanaques –por detrás- aparecían poemas
que no se identificaban con autores. Parece que
eso sucedía para no tener que pagar derecho de
autor. Entonces llegaba el trovador, cogía la hojita
y lo musicalizaba”. ¿Es justa la valoración de que
tales son los autores, en detrimento de aquellos?.
¿Serán esos autores unos impostores?. Hay
injusticia, toda vez que ambos, música y texto,
deberían ir de la mano, pero en no pocos casos
se establecía algo así como un acuerdo de
caballeros en el que aquel vendía, o regalaba, su
letra. ¡Y borrón y cuenta nueva!. Claro, influía
también la personalidad y grandeza de tal autor, y
eso provocaba que en muchas ocasiones le
endosaran lo que no era de él. Por demás,
muchos y famosos autores siquiera transcribían o
inscribían sus canciones, lo que al final podía
provocar innumerables quebraderos de cabeza. Y
en tal sentido destaco que por la década de los
años 60 del pasado siglo, el maestro guitarrista
Jesús Ortega se sentó junto a Sindo Garay para
hacer la transcripción de muchas de sus
canciones. Pero, creo que este último asunto bien
pudiera ser tema para un próximo comentario. En
resumen, la cosa está de un lado para otro y no
sabemos quién es quién, por eso creo que vale la
pena decir:
¡Estamos tranquilos...dos y dos, ya no son
cuatro!

Waldo Fernández
marakka2000@yahoo.com
(305) 642-8885
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Opiniones sobre este trabajo pueden ser
enviadas escribiendo a
mariaargelia@hotmail.com
Sección constantemente en progreso, visítela próximamente
En esta sección contamos con las colaboraciones de Waldo
Fernández y María Eugenia Caseiro (Mariú)

1.-El cancionero Cubano
2.- Por siempre Tony
3.- ¿Son de la Loma?
4.- Son sonando
4.- Son sonando
Por María Eugenia Caseiro (Mariú)
No creo que pueda esquematizar la historia del Son Cubano, que como los cuarzos
blancos y ambarinos que salen de nuestra caña de azúcar, el son se exporta y
consume a granel en el mundo entero.

 La música cubana tiene orígenes en el toque y cante africano, como muchos saben,
pero encontró además, en esas mismas raíces, los antecedentes que la llevaron a la
abundancia en su diversidad, ya que los géneros con que cuenta nuestra música son
en ritmos y en lenguaje, la mezcla del temperamento apasionado, y corrientes que no
solo están comprometidas con la música, sino con el culto a ella.

 Entre los diferentes toques africanos que arribaron a Cuba con la llegada de la
colonia y la institución de la esclavitud, también se encuentran viejos cantos funerarios,
motivo por el que no solamente una serie de ellos dedicados a las deidades africanas,
posteriormente fueron comprometiendo, en una mixtura, las expresiones del folklore
musical español y algo de influencia francesa. Pero definitivamente el caudal del
folklore español, combinado con la fuerza de la música africana, generó rápidamente lo
pródigo y lo explosivo de la esfera musical cubana. Del aquel híbrido maravilloso nació
la criollez, y con ella la evolución, tanto de la vida como de la cultura, y lo que hoy
conocemos como ritmos cubanos.

 Los aspectos folklóricos que han rebasado la fusión y hoy toman parte de nuestra
música no son otra cosa que esplendorosa “popularidad”, que no conforme con su
haber de la música cubana, ha ido ganando terreno, e influenciado de manera
paulatina, en el quehacer musical de otras culturas.

 Es en el siglo XX que nuestra música alcanza gran florecimiento, luego de que ya
muchos compositores cubanos de la llamada música popular habían creado extensos
repertorios en amplitud de géneros, como canciones, danzones, sones, boleros,
habaneras, guajiras, zapateos, guarachas, pregones, sones montunos, guaguancoes,
cha, cha chaes, mambos, rumbas, congas, tangos congos, pregón, canción de cuna…,
como también debemos destacar compositores que llevaron el nombre de Cuba muy
en alto a la hora de crear música clásica o de conciertos; zarzuelas, óperas, operetas y
mucho más.

 Pero el son, ese son cubano del que estamos pendientes a la hora de redactar este
artículo y del que debemos hablar en unas pocas palabras, necesita algo de historia
para que quienes aún no lo saben, encuentren mayor motivación a la hora de
escucharlo y de sentirlo.

 Dicen que el son nace en la parte más oriental de Cuba, y se cree que
específicamente en Santiago, aunque hay quienes no descartan a Guantánamo, lugar
en donde se celebraban fiestas populares que datan de tiempos bastante remotos.

 Como género musical y forma dentro de la parte de la nacionalidad de la música
cubana, el son se da en las postrimerías del siglo XIX. Es cuando, en los llamados
carnavales de Santiago de Cuba, comienza a ganar popularidad, ejecutado en esos
inicios con un instrumento llamado “tres”, que se convirtió en el símbolo del son que
prevalece hasta hoy día.

  En sus comienzos, el son tenía una estructura musical de repetición de estribillos
coreados, de cuatro compases o menos. Esto era conocido como Montuno y en medio
de esos estribillos, el solista improvisaba la letra.

  Muy pronto el son se fue estableciendo en las regiones no tan rurales del país hasta
alcanzar el centro urbano, y fue entonces adquiriendo elementos de la música europea
en cuanto a ordenación, al tiempo que una sección cerrada iniciaba el canto seguida
por el estribillo o Montuno, motivo que lo llevó a mejorar las variantes con el ensamble
de la improvisación.

  Originalmente y además del tres, la guitarra y el bongó se combinaban en la
interpretación del son, las maracas y las claves; estas últimas llamadas la vida del son,
ya que se dice que sin claves no hay son posible.

  Ya a principios del siglo XX, el son se extiende por toda Cuba, comenzando a ser
interpretado por cuartetos, y seguidamente por sextetos ya entrado 1920. Aquí cabe
mencionar al Sexteto Habanero, que ya había tenido su antecedente cuando
anteriormente fuera fundado como el Cuarteto Oriental.

  El son: son de los pobres; son de la gente rechazada y marginada por las clases
acomodadas del país, que incluso llegó a ser prohibido por el gobierno que lo
consideraba un baile inmoral, se permitió el lujo de entrar con un esplendor, sin
precedentes, en los salones de baile de La Habana y de otras ciudades importantes,
pasando a ser representativo de la música cubana, y seguidamente a recorrer el
mundo, llegando a superar, en gusto popular, al propio danzón.

  De gran variedad de formas es nuestro son ya que el son montuno, el son habanero,
el changüí, y otros, conforman la lista de tan rico representante de la música cubana.

   Afirman los expertos que el son, es el género musical cubano que ha ejercido su
gran poder en la salsa, en su formato y estructura musical, logrando una mezcla
arrolladora.

  Opinen ustedes, mis lectores. Yo les dejo con este son, y sigamos:

  Son_sonando


“Son de la loma» autor Miguel Matamoros

Mamá, yo quiero saber
de dónde son los cantantes,
que los encuentro galantes
y los quiero conocer
con sus trovas fascinantes
que me las quiero aprender.

¿De dónde serán?
¡Ay, mamá!
¿Serán de La Habana?
¿Serán de Santiago,
tierra Soberana?
Son de la loma
y cantan en el llano.

¡Sí, señor!
¡Cómo no!

Mamá, ellos son de la loma,
mamá, ellos cantan en el llano.
Mamá, ellos son de la loma,
mamá, ellos cantan en el llano.
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