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Más mensajes recibidos. Notas históricas y artículo especial
dedicado a nuestro
Rey del Rock de Cuba: El Conde
Génesis de una leyenda.
Por Manolo Blanco

En el principio fue el blues, el rugiente cantar de los negros campesinos del sur
norteamericano, los escogidos por el Creador para desmitificar tres siglos de lirismo
académico y poner en escena la tercera menor donde se suponía una mayor, la esotérica
nota blues, la negra imprecación de la melancolía que contaminó la escala diatónica y
probaría su hidalguía estética revolucionando la música occidental.

Después el Creador decidió plantar el árbol de la sabiduría en New Orleans, donde las
primeras bandas negras, poseídas por el espíritu del blues y la libertad de interpretación e
improvisación, desarrollaron un colorido y dinámico género musical que resultó demasiado
agresivo, irreverente y sobre todo negro para los oídos de la tradición europea,
peyorativamente denominado jazz por la gran sociedad blanca.

Siguiendo el plan del Creador, muy pronto el jazz emprendió peregrinaje por el Mississippi
hacia las grandes ciudades del norte, donde los músicos de ambas razas sucumbieron a los
encantos de la ejecución hot  o agresiva y el swing o juego simultáneo con diferentes ritmos
de los jazzistas sureños y estalló la era del swing y las grandes orquestas.

Tan complacido quedó el Creador con el swing, que dos décadas después decidió zanjear
las diferencias emocionales surgidas entre intelectuales y populistas. Para quienes buscaban
arte excavando en el cielo eliminó las barreras estéticas y creó el bebop y para quienes
querían seguir bailando el acrobático jitterbug en zafarrancho de delirio el rhythm and blues.

Sin embargo el estigma del color reapareció para limitar y estancar a los grupos de rhythm
and blues en las jóvenes comunidades negras. El Creador pensó que quizás se había
equivocado al establecer que la igualdad natural de los hombres los juntara y las diferencias
culturales los separaran y envió al arcángel Alan Freed a la estación radial WJW de
Cleveland para que promoviera el nuevo género musical y organizara los primeros
conciertos de lo que el señor Freed denominaba en sus programas radiales rock and roll.

El proyecto parecía terminado con la gran popularidad que estaba adquiriendo el rock and
roll, pero el Creador se dio cuenta de que faltaba el “rockero” y mientras pensaba en ello  
se le ocurrió tender una trampa a la discriminación racial. Volvió su mirada al sur agreste y
racista donde antes había creado el blues y el jazz, esta vez a Memphis, para seleccionar a
un joven campesino conductor de camiones y paradigma de la belleza masculina blanca que
había adquirido sus primeros conocimientos musicales cantando gospel en la iglesia local.

Cuando Elvis Presley tomó Occidente por asalto, el rock and roll abrió una brecha
generacional entre padres e hijos en materia de gustos y actitudes y el largo viaje que la nota
blues iniciara desde las miserables tabernas negras de New Orleans por el Mississipi hasta
Kansas City, Chicago y New York, se prolongó a través del Atlántico hasta Liverpool para
que Los Beatles la entronaran grande y majestuosa en los estudios de Abbey Road.

Cumplida la tarea, el Creador se retiró a disfrutar un merecido descanso, hasta que su sueño
fue interrumpido para ser informado de que el rock estaba enfrentando graves problemas en
la Cuba del ángel rebelde y perverso Fidel, donde varias figuras de la farándula habían sido
censuradas por cantar música imperialista y aún no había surgido un “rockero” cubano.

En su infinita sabiduría, el Creador llegó a la conclusión de que nadie que tuviera intereses
creados en el mundo del espectáculo cubano, compromisos políticos o comunión ideológica
con el régimen, ilusiones de lentejuelas o testículos de cristal podría ser escogido para tal
destino. No en aquellos oscuros días de pureza ideológica, pánico a la contaminación
democrática y represión indiscriminada.

El “rockero” cubano tendría que parase sobre una auténtica vocación despojada de
intereses materiales y sueños icónicos para no caer en la trampa nacionalista de la radio y
televisión oficiales, proteger su conciencia más que su reputación hasta en una celda, saber
que el hombre nace condenado a la libertad de construirse a si mismo a cada instante y que
la adversidad es ocasión de virtud. En el mismo momento en que el Creador decidió su
selección, Jorge Bruno se convirtió en El Conde.

Para las nuevas generaciones, incluso para muchos de sus contemporáneos, sólo se trata de
una leyenda. No es parte de la historia oficial de la música popular cubana. No hay archivos
de periódicos y revistas de la isla que recojan sus éxitos porque su gloria brilló al margen del
modelo de sociedad comunista que nos imponían. Pero a quienes lo conocimos desde
entonces, nos queda la satisfacción de que los buenos recuerdos son el único paraíso de
donde no podemos ser expulsados.
Y eso es El Conde, un maravilloso recuerdo, un entrañable elemento de nuestros años
jóvenes en La Habana, punta de lanza en nuestra batalla por la rehabilitación cultural del
rock y los derechos a escucharlo e interpretarlo en nuestro propio país, algo nuestro que es
porque fue, aunque nunca más esté.

Hasta siempre grande.
_________________________________________________________________

Manolo Blanco.- Trovador. Guitarrista, cantante y compositor. Fundador en la ciudad de Miami
del movimiento trovadoresco cubano en el exilio que floreció en esta ciudad a finales de la
década de los ochenta. Fundó y dirigió el grupo musical “La Pupila Insomne. En la actualidad
se dedica a los aspectos teóricos de la música y sus trabajos han sido publicados en El Nuevo
Herald y la revista Años Dorados. Entre sus más conocidas composiciones se destacan “Canción
De Despedida”, “Milagros”, “Te Quiero Así”, “Cuando Regrese”, “El Viejo Sueño”, “Al
Balsero Desconocido”, “Viva Cuba Libre”, “Pregón”, etc. Más detalles buscando en el
Diccionario de Talentos Artísticos Cubanos en el Exilio, por la letra “B”.
Dedicado a mi Padre: Bruno Jorge Conde, y a todos los que lo amaron, lo aman y por siempre lo amarán.

Soy esa hija que creció en Cuba lejos de su padre, debido a las circunstancias que todos conocemos. Jenny Conde es mi nombre… y aunque
yo también me fui de Cuba muy joven, fui a parar a otra parte del mundo... lejos de él. Conversábamos de vez en cuando y nos encontramos en
Miami.
El siempre fue mi padre, El Conde, que aunque no estuvo a mi lado, solo Dios, algunos amigos, y personas mas cercanas saben todo el amor y
el orgullo que sentía por su hija. Pero también el dolor de no poder estar junto a ella y haberla visto crecer.
 Al igual que yo, que siempre tuve esa falta de identidad en lo más profundo se mi ser: “Como un eslabón perdido en mi historia personal”. (Ej.
“Imagínate a un mango que cae de su árbol y va rodando hasta un huerto de papas, y allí mira a su alrededor y mira a las papas y no entiende ni
papa”)
 Cuando hablábamos, me decía: - “Hija mía! Si eres toda una artista!”, lleno de un orgullo, cuando ni él mismo se podía creer que tuviese una
hija tan grande y con sueños tan parecidos a los suyos, que cantara y que amara la música.
Yo no entendía nada, cuando digo nada, quiero decir NADA. Aunque siempre me encontraba con gente que me hacía historias de como mi padre
marcó una era de mucha trascendencia, en un momento clave en la historia de la música en Cuba; y no solo en la música, pero también fue
anuencia radical en la vida, en la forma de pensar, en los sueños y el destino de la juventud de aquellos años. Fue ídolo de aquella generación.
 Irónicamente, como sucede en la vida muchas veces, yo conocí a mi padre en su totalidad, y logré entender la significación que tuvo su vida y el
impacto de su existencia en este mundo, el día de su muerte… en su funeral. Para mi “El Conde” NACIO esa noche, y de todo corazón ojalá y
muchos pudieran entender y sentirlo de igual forma; por esa razón escogí el titulo de encabezamiento para estas escrituras sobre la vida de mi
padre desde el corazón de una hija, que al n encontró su identidad y “a su eslabón perdido …”
 Y lo mas importante es que recupero a su padre en su esencia verdadera; la ausencia de muchos años fue redimida en una noche llena de
amor, esa debe haber sido en gran parte la causa de este sentir y de este renacimiento de Bruno Jorge Conde, mi padre, en mi vida.
 Antes que cerraran la habitacion donde estaba su cuerpo, ya en la puerta, lo mire, mire al cielo, y le grite levantando mi brazo y haciendo el signo
de paz con mis dedos: -“Conde!..Tu historia continua!!!”… Y me fui sonriendo con su esposa Cristi y su hijo Chris que estaban a mi lado.
Junto a este email va la canción “VUELTAS”, cantada y compuesta por mi, se la dedico a mi padre. (Pasénla a todos los que le conocen y le
aman!!!)
Continuará
Jenny Conde.     
Canción titulada "Vueltas" de Jenny Conde dedicada
a su padre: JORGE CONDE
Además puede leer en esta página su mensaje.
Arnaldo Oliva y Jorge Conde, siempre en mi recuerdo
En la Isla continúa pendiente el estudio del devenir de estos músicos, protagonistas de una escena ignorada, pero
importante
Por: Joaquín Borges- Triana
06 de marzo de 2008

Jorge Conde, mítico vocalista de Los Kents, a la extrema derecha, con espejuelos.        
Escuchaba en la mañana del domingo anterior el programa A esta hora, espacio transmitido por Radio Metropolitana, y en una de sus
secciones, dedicada a poner viejas grabaciones para que los oyentes identifiquen al artista, disfruté de un tema de Los Mensajeros, una de esas
bandas perdidas en la historia del rock en Cuba, y en la que tuviese rol protagónico el teclista y guitarrista Arnaldo Oliva, quien fuera luego
integrante de Los Dada. Mientras oía la música, pensé que indirectamente aquello era un tributo a Oliva, pues apenas un par de meses atrás, él
había muerto.
No sé cómo ni por qué, pero de inmediato me vino a la mente que, el 17 de febrero, un amigo me informaba de que ese fin de semana había
fallecido Jorge Conde, mítico vocalista de Los Kents, Sesiones Ocultas y Almas Vertiginosas, grupos habaneros que fueron mis ídolos cuando
yo era un adolescente que perseguía los conciertos de tales agrupaciones, en lugares como el Círculo Social Camilo Cienfuegos o la costa de
Cojímar. Sé que la muerte de Oliva y del Conde no es noticia para los medios de comunicación y entre nosotros, pocos (a saber, Humberto
Manduley y Frank Delgado) se han referido en la radio y en un concierto a la desaparición física de una porción de los más caros recuerdos
afectivos de parte de nuestra generación.
Ocurre que continúa pendiente en la Isla el estudio multidisciplinario del devenir de un nutrido grupo de músicos como Oliva y el Conde,
protagonistas de una escena que no por ignorada deja de ser importante. Ello es necesario porque así se daría al traste con la tendenciosa
exclusión de la creación más periférica del hipotético corpus cultural de nuestro país, excomunión de la que no se salva la faena musical, no
obstante ser esta (a su manera) otro testimonio del quehacer integral de un contexto, con rasgos propios que lo identifica. Las ciencias sociales
cubanas se enfrentan al reto de diseñar propuestas interpretativas para aproximarse a los llamados fenómenos culturales de «baja intensidad»,
esos que existen y hasta llegan a configurarse como todo un movimiento, pero ajenos a los resortes promocionales convencionales.
El reconocimiento y estudio de este específico modo de asumir la música y que en el pasado tuviera en bandas como Los Dada, Los Kents,
Sesiones Ocultas o Almas Vertiginosas, nombres de culto para un sector de nuestra población, quizá hasta consiga explicar mutaciones en los
códigos comunicativos de la reciente producción musical que en Cuba ha gozado de mayor popularidad y es que esta última se ve penetrada por
aquella otra creación. El ejercicio de la imaginación investigativa, esa que gusta proponer nuevos problemas intelectivos y someter a examen,
desde las más impensables perspectivas, una realidad ya incorporada al imaginario plural en forma de rígidos esquemas intelectuales, tiene en
toda una zona de la música en nuestro país un campo de investigación por analizar.
 Entre nosotros ha prevalecido un tipo muy específico de mirada, en la creencia ingenua de que los indiscutibles méritos que ostenta una parte
de la producción de la música popular cubana son suficientes para suprimir «la otra historia», esa que no es tan excelsa desde el punto de vista
de los niveles de popularidad por ella registrada, pero que existió y, a su manera, sirvió de pedestal invisible a la gran Historia. No puede
obviarse que hoy, términos como «alternativo», «underground», «independiente», cobran creciente crédito cognoscitivo.
 Y es que «el margen» no solo ha adquirido relevancia sociológica, sino que se vuelve en sí mismo premonitorio de un devenir estético, a través
del cual intuimos que eso que llamamos «un gran clásico» no es más que el contrato simbólico y temporal suscrito por el imaginario colectivo,
en respuesta al temerario afán de representarnos la vida de algún modo legible. Por todo lo anterior, y porque también la vida sigue
describiéndose de acuerdo a lo que representa para nosotros este o aquel estímulo, y pocas veces en relación con lo que ese estímulo es en sí
mismo, al margen de que sean o no reconocidos, en mi mente siempre habrá un espacio para evocar del mejor modo posible a Arnaldo Oliva y
Jorge Conde.
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Copyright © 2010 María Argelia Vizcaíno