Fue Emilio Ramil, --considerado El Gardel Cubano-- el que
volvió a poner de moda el tango rioplatense en toda Cuba,
cuando ya parecía que se estaba olvidando en la década de
1950.

Tengo que confesar que de no ser por su hijo, Emilio Ramil Jr.,
que tan gentilmente me envió los artículos autobiográficos de
su padre, no hubiera conocido la trayectoria de tan ilustre
artista cubano, ya que no hay mucha más información
recopilada al respecto.

Nacido en La Habana Vieja el 29 de octubre de 1925 de padre
y madre gallegos, comienza su vida artística en los años 1943-
44 como locutor para el programa «Tangos al atardecer» en la
emisora CMZ Num.1 «que era de organismo oficial en Cuba en
los años de la Guerra Mundial». Continuó en la emisora CMBY
de la Casa de las Medias llamando al programa «Tangos a la
medianoche» ya que se trasmitía a las 12 p.m. y duraba hasta
las dos de la madrugada.

Profesionalmente actúa en 1949 en Radio Cine de La Habana
acompañado de los excelentes guitarristas Landa, Llerena y
Tabranes, que habían acompañado en sus presentaciones en
Cuba a los argentinos Agustín Irusta, Alberto Gómez, Héctor
Palacios, entre otros. Según nos relata el Dr. Cristóbal Díaz
Ayala en un resumen sobre la discografía de Ramil «graba
para Radio Cadena Suaritos entre 1953 y 1954 ciento veinte
números, una gran parte de ellos del repertorio gardeliano
pero también música porteña de otros compositores e
intérpretes, y algunas canciones. Suaritos pasaba estas
canciones en el atractivo horario de las 5 p.m., intercalando
grabaciones del propio Gardel. Recorre toda Cuba con la
compañía de Enrique Arredondo y graba también para el sello
Puchito. Surgen contratos para Tampa, Miami, el Tropicana de
La Habana, el Teatro Blanquita y otros». Además, actuó en los
Night Club Sierra Bar, Ali Bar, Pennsylvania, Mi Bohío de la
Playa Marianao, en 1953 en el Barrio Latino de New York,  y de
1953 al 55 fue asiduo invitado a los mejores programas
musicales de TV en Cuba.

Su parecido físico y vocal con el Rey del tango Carlos Gardel y
la añoranza del público cubano que se quedó  esperando su
actuación cuando la muerte lo sorprendió en Colombia,
hicieron que Ramil no tuviera dificultad para triunfar en tiempos
que se suponía que el tango había decaído.

Fue bautizado internacionalmente el Gardel Cubano cuando se
anunciaba su debut en la Argentina en mayo de 1956 en Radio
Belgrano para el programa la Hora del Jabón Federal, que
decía después de escucharse un fragmento de una canción
interpretada por él: «No es Carlos Gardel el que están oyendo,
sino la voz de Emilio Ramil, el Gardel Cubano».

Nos cuenta Rosendo Rosell en el Tomo III de su enjundioso
libro Vida y Milagros de la Farándula en Cuba: «Emilio Ramil,
en los tiempos en que ambos fuimos jóvenes, tenía un gran
parecido con el admirado Carlos Gardel, y además, cantaba
los tangos que hizo célebres Gardel. Usaba, como el Morocho
del Abasto, la indumentaria de aquel, sin omitir el sombrero de
fieltro con el ala caída sobre el ojo izquierdo, para acercarse
más y más..., como la canción de Farrés, a Gardel». También
se le asemejaba bastante en la voz, porque aún cantando
tangos que jamás grabó Gardel, el público los confundía como
cuando cantó Ladrillo; Arráncame la vida; Viejo ciego; Garufa;
Fumando espero; etc. Incluso dos boleros del cubano Luis
Marquetti, Plazos traicioneros y Entre espinas, que fueron
arreglados como tango y agregado más letra con la
autorización exclusiva del autor para Radio Suaritos, muchas
personas consideraron que habían sido grabados antes por
Gardel.

Ramil surge en unos años difíciles para el tango rioplatense en
el país que produce el bolero que lo sustituye en gran parte del
orbe, así que los viejos tangos se empezaron a arreglar a
tiempo de bolero por los propios argentinos como Leo Marini,
Carlos Argentino, Felipe Rodríguez, Gilberto Monroig, Virginia
Luque, Blas Hernández, hasta el propio Hugo del Carril y
Libertad Lamarque, igualmente lo interpretaban el chileno
Lucho Gatica, el español Juan Legido, los mexicanos Pedro
Vargas y Tito Guisar, los boricuas Daniel Santos, Bobby Capó
y Carmen Delia Dipini.

Entre los cubanos el que más pegó con este estilo fue el
guapachozo Rolando Laserie interpretando Mano a Mano, Las
Cuarenta, Volver, Caminito, Adiós Muchachos, etc. Como Ramil
se negaba a cantar tangos-abolerados le reprochaban que
fuera cubano a lo que él contestaba que siempre cantaría un
bolero como tal y un tango sin alterar su ritmo porque desde
niño llevó siempre «el estandarte de la música rioplatense y no
es posible de un día para otro cambiar radicalmente».

Es su fidelidad a la escuela gardeliana lo que lo lleva al triunfo
igualmente su calidad interpretativa. Sus éxitos constantes son
aplaudidos además de Cuba y Buenos Aires, en Uruguay,
Chile, Ecuador, Colombia, Perú, Puerto Rico. Se casa con la
cantante chilena Gloria Montes y en la década de 1960 radica
en la ciudad de los rascacielos para retirarse de la vida
artística en 1977, escribiendo en 1989 en exclusiva para la
revista El Tiempo de New York, alrededor de doscientos
artículos de la historia del Tango en Cuba y su propia
trayectoria musical, que agradezco sinceramente a su hijo
Emilio Ramil Jr. que me la haya enviado porque la he disfrutado
mucho y desearía muy pronto se pueda recopilar en un libro al
alcance de todos los interesados, pues en este espacio es
imposible relatar tantas glorias por Ramil logradas.

    Mil bendiciones para este Gardel
    Cubano que nos ha honrado con su
    derroche de talento y ha tenido la
    buena idea de escribir sobre tan
    interesantes memorias.-
Emilio Ramil, El Gardel Cubano. Foto tomada del libro
"Vida y Milagros de la Farándula en Cuba", tomo III, de
Rosendo Rosell.
ESTAMPAS DE CUBA POR
MARIA ARGELIA VIZCAINO


El Gardel Cubano
EMILIO RAMIL
ESTAMPAS DE CUBA POR
MARIA ARGELIA VIZCAINO


El Tango Rioplatense en Cuba
                       Parte I de II

Al hablar de la historia del tango rioplatense en Cuba tenemos que
empezar comentando sobre la trayectoria de
Emilio Ramil conocido
por El Gardel Cubano, porque de no ser por él, que además de haber
sido una gloria artística internacional para honra de nuestro país, fue el
primero que se dedicó a escribir profundamente sobre la incursión de
esta música en nuestra nación.

Gracias a su hijo del mismo nombre, Emilio Ramil Jr., que tan
amablemente me remitió las fotocopias de esos estupendos artículos
autobiográficos, es que puedo compartir con mis lectores un resumen
de tan interesante historia que fue publicada en la revista de New York
El Tiempo en 1989, y como anotaría en la Enciclopedia Discográfica
de la Música Cubana el
Dr. Cristóbal Díaz Ayala «infortunadamente
no está publicada como libro (...) contiene una minuciosa descripción
de su vida artística, con interesante información».

Según nos refiere el propio Emilio Ramil en sus valiosos escritos, se
puede asegurar que los comienzos del tango rioplatense en Cuba
fueron al principio de la década de 1920. Él se basa en la discografía
que llegó primero de Europa y Estados Unidos y posteriormente de
Suramérica, además por las partituras para ejecutar la pieza que se
vendieron en esa época igual que el papel de música para las pianolas.

Aquellos primeros discos que se escucharon en las casas privadas y
comerciales eran tangos
«bastante habanerizados y muy sincopados».
Del que más grabaciones se difundieron fue del cantante español
procedente de Islas Canarias
Juan Pulido «con su tono azarzuelado de
barítono tanguero»
llamado el «Emperador de la Canción» por los
cientos de discos que llegó a grabar. Junto a Pulido (que se casó con
la actriz y poetisa cubana Dalia Iñiguez) se escuchaba a
José Moriche
natural de Navarra que trabajó con Gardel en las películas Cuesta
Abajo y El Tango en Broadway. Fue tanto el furor del Tango en Cuba
que cuando llegó el cantante originario de Palma de Mallorca
Fortunio
Bonanova
con su potente voz especializado en Operas y Zarzuelas, el
empresario le pidió que incluyera tangos en su repertorio y fue un éxito
rotundo. Por lo que los precursores del tango uruguayo-argentino en
nuestro país fueron los españoles.

Sin lugar a dudas el que mayor éxito logró en aquellos primeros
tiempos fue
José Bohr, un chileno hijo de inmigrantes alemanes que
en sus inicios artísticos era locutor en Argentina, pero llegó a la
celebridad presentándose con sus tangos-obras que aunque con poca
voz, tenía una manera muy especial de decir el tango al estilo de
Mauricio Chevalier, pero bailando, componiendo, recitando, diciendo
chistes al público y dirigiendo su propia orquesta. Fue contratado junto
a su esposa la pianista y compositora
Eva Limiñana por el agente
teatral cubano Meitín.
«Era tanto el éxito de este artista que se
inventaron en La Habana las llamadas Matinales. Pues estas eran
antes que las Matinees. Y Bohr actuaba así: Matinales, Matineé,
Tanda y Noche, cuatro funciones diarias y en dos o tres teatros a
veces (...) el público salía de un teatro en donde él actuaba y sin ver
más el espectáculo que seguía a continuación seguían a Bohr, al
siguiente teatro».

El agradecimiento de Bohr con el público de nuestra isla que tanto lo
apoyó se hizo notar al componer un tango para nuestra mujer que
tituló «Cubanita». Hubo otro tanguista apasionado por Cuba, el
talentoso argentino
Agustín Magaldi que nos dedica su composición
«Cubanita mía» y la rumba «Viva el amor».

A  finales de la década de 1920 es que comenzaron a llegar las
grabaciones de los tanguistas argentinos, pero de forma privada
primero, porque comercialmente se distribuyeron para 1930, como los
primeros discos de Gardel con la RCA Victor que se vendieron en
1933, 34 y 35, año de su fallecimiento.

Fue el Trío Argentino integrado por
Irusta, Fugazot y Demare los
que llevaron el verdadero tango a Cuba sin giros europeos o
norteamericanos entre 1931-32. Ellos se desprendieron de la Orquesta
de Canaro en Argentina y se encaminaron a España donde filmaron
algunas películas de éxito internacional como «Ave sin rumbo» que en
otros países le llamaron «Mi musa campera», pero la que precedió su
actuación personal en Cuba fue la titulada «Boliche» estrenada en el
teatro Payret en La Habana. Después, el público cubano llenaba
siempre los teatros donde quiera que se presentaran a pesar de la
depresión económica, y todos cantaban sus canciones «Dandy», «No
te engañes corazón», «Rosa Peregrina», etc.

El tango rioplatense era la moda en el mundo civilizado por eso casi
todos los artistas querían cantarlo. Para ese tiempo en nuestro país se
popularizaron como ya dijimos los españoles
Pulido, Moriche,
Bonanova, el chileno Bohr, el Trío Argentino de Irusta, Fugazot
y Demare
, además de Margarita Cueto, Rodolfo Hoyos, Azucena
Maizani, Rosita Quiroga, Carlos Mejía
, entre los primeros
extranjeros junto a los nacionales
Mariano Meléndez y Pilar Arcos,
desde luego, el que mayor impacto causó fue
Carlos Gardel que el
pueblo cubano se quedó esperándolo en su gira triunfal que se tronchó
con el accidente aéreo ocurrido en Colombia.

Posteriormente entre los argentinos más populares que recorrieron
nuestro país saboreando aplausos y vítores se destacan
Hugo del
Carril, Alberto Gómez
, y la extraordinaria Libertad Lamarque
bautizada La Novia de América cuando fue presentada por el periodista
cubano Ciro de la Concepción en su primer viaje a Cuba el 2 de enero
de 1946; regresó en 1951, en el 55, 56 y 57. Fue también la primera
artista en ser entrevistada desde un avión mientras sobrevolaba la
ciudad de La Habana. Todo gracias al Tango Rioplatense y a los
avances de la radiodifusión en nuestra bella y otrora próspera nación.

                      Parte II de II

De los primeros cubanos que cantaron Tango Rioplatense en nuestro
territorio no se guarda recuerdos porque todavía en la década de 1920
no se hacían grabaciones en nuestro país, hasta 1935, como anota el
Dr. Cristóbal Díaz Ayala en su documentado libro Del Areyto a la
Nueva Trova
«que Miguel Gabriel le compra a la propia RCA-Victor
un equipo de grabación y lo instala en la CMQ y ya no hay que salir
de Cuba para grabar».

En opinión de Emilio Ramil, conocido como el Gardel Cubano, que
además ha sido un gran coleccionista de música, el primer cubano en
grabar tangos en forma profesional fue el profesor de canto, cantante
y músico
Mariano Meléndez en 1926 con el sello Brunswick (Es un
golfo; Oh, Julián; Todo para ti). Después, a raíz de la muerte de Gardel
en 1935, nos dice que salieron unos ocho números grabados por el
cubano
Luis Madrid para el sello disquero Columbia, sin embargo
antes, la cupletista Pilar Arcos ya había grabado tangos en New York
(Mocosita; Sentencia en 1926 y en 1927 Tango Negro; Fea; Fumando
Espero) lo que Ramil no la tiene en cuenta por no estar seguro de que
era cubana ya que se dedicaba más a los géneros de la Madre Patria,
por algo fue llamada La Reina del Cuplé.

Explica Ramil en sus interesantes artículos que
«los intérpretes
cubanos agarraban escuelas ya hechas de tanguistas disqueros»
, eso
se debía a la carencia de compositores para su repertorio en nuestro
país. El mismo Ramil aclara que es porque
«en gran parte los estilos
individuales de cantantes se forman por su repertorio que obtienen de
la primicia de los compositores que hacen música para ellos»
. Y pone
de ejemplos a
Manolo Fernández imitando el estilo de Agustín
Irusta
; Miguel Angel Penahad a Alberto Gómez; Che Quiroga a
Agustín Magaldi; Nilda Espinoza a Mercedes Simone; Olga
Chorens a Libertad Lamarque; El Trío Argentino de Nadio-Naffia
y Espinoza, al original Trío Argentino de Irusta-Fugazot y
Demare
.

Y yo le agrego a su listado a
Rolando Leyva que él mismo dice que
cantaba todo el repertorio de Bohr, aunque Ramil asegura que
«con
más voz por supuesto»
; Armando Figueroa, conocido posteriormente
como Armando Bianchi el esposo de Rosita Fornés, imitando a Hugo
del Carril; y el propio Ramil con su voz y figura tan parecida al
Morocho del Abasto Carlos Gardel. Logrando éxitos internacionales
Manolo en 1945 en México y la Chorens en 1949 en la misma
Argentina. Claro, todos tenían a su vez
«un color de voz propio (algo
caribeño) como es natural»
, adquiriendo poco a poco un matiz
exclusivo y se reconocía la diferencia entre el original y el cubano.

En aquellos años muchos artistas que alcanzaron la fama comenzaron
su vida artística cantando tangos uruguayo-argentino como
Olga
Guillot
que debutó a la corta edad de nueve años con un tango, y el
polifacético amigo
Rosendo Rosell que empezó cantando este estilo
con el pianista
Gustavo López en la emisora CMCJ de Rodríguez y
Hermano que estaba en las calles Monte y Estevez en La Habana. Otra
gran parte que lograron triunfar gracias al impulso del programa La
Corte Suprema del Arte que trasmitía CMQ-Radio, compitieron
cantando tangos como el actor
Carlos Badías; el Trío de Servando
Díaz, el Trovador Sonriente
; el también trovador, guitarrista y
locutor
Berto González; el bautizado Tenor de Las Antillas René
Cabel; Carlos Alas del Casino quien se especializó en música guajira;
Roberto Espí, el conocido bolerista y sonero del Conjunto Casino.

Hubo cantantes de tangos muy originales como los interpretados por
Ramón Espígul, el bailarín, actor, compositor, grabando para la
RCA-Victor simpáticas parodias como «Bebiendo espero» por
«Fumando espero» que Ramil recuerda decía:
«Bebiendo espero a la
negra que yo quiero, allá en la esquina de una calle mezquina».
En el
tomo III del libro
Vida y Milagros de la Farándula en Cuba su autor
Rosendo Rosell menciona a un tal «Millonario Carioca que se
mandaba unos tremendos tangos en broma, que hacían desternillarse
de risa al público».

Además del cine que estrenaba casi constantemente películas
argentinas, la radio fue el gran impulsor de la cultura tanguista con
programas muy escuchados por Radio García-Serra; Radio Lavín;
Radio O'Shea luego RHC; Radio Cadena Suaritos; La Casa de las
Medias donde transmitía Ramil como locutor Tangos al Atardecer; y el
más famoso, Ritmos del Plata, conducido por el cantante
Tony
Alvarez
. También hubo exquisitos bailarines de tango, algunos
trabajaron en películas como
Sergio de Karlo, Pacheco y su pareja
Mireya.

Desde 1922 a 1942 el tango tuvo «casi un primer plano detrás de la
música cubana»
, por eso la destacada periodista Araceli Perdomo
narró para El Nuevo Herald bajo el título «Un corcho de mala suerte» y
publicado el 24 de junio de 1992 que
«En Cuba, el tango argentino y
el corrido mexicano enraizaron por igual en nuestro pueblo sensible y
musical como pocos»
; pero yo agregaría a tan formidable artículo, que
por la cantidad de tanguistas que hubo en comparación con los
rancheros cubanos, el primero superó al segundo.

Aclaro, que esto es sólo un resumen que podría motivar a los
historiadores, así que muchos datos y nombres se me escapan, aunque
no me puedo perdonar olvidar a los tanguistas
Bertha Pernas de la
época de Ramil;
Carmencita Falgas; Magaly Alou; Xenia Marabal;
Héctor Riopelle; Kiko Hernán; Alfredo Cataneo; y a Luis Conte
Agüero
, que aunque algunos eliminan por político (como fue quizás
Manolo Fernández) y cante otros estilos, ha sido uno de los mejores
exponentes y defensores de la música rioplatense en el exilio cubano
en Miami, igualmente recuerdo a
Filiberto Fraíz, un hijo muy querido
de Guanabacoa que, cuando era pequeña nos honró en mi propia casa
cantando sus tangos y nos hacía vibrar con sus interpretaciones igual a
los más famosos y que me trae a la memoria unos versos de «Barra
querida» que grabara Ramil:
«...Quién pudiera activar el tiempo cruel
y volver a vivir aquella edad, quien pudiera cantar en un portal
canción dulce de amor».
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