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ESTAMPAS DE CUBA POR
María Argelia Vizcaíno


La Década Prodigiosa en Cuba
La Década Prodigiosa se le llamó y se le llama aún, al período
comprendido entre los años 60 y 70 que originó cambios que influyeron
notablemente en todo el orbe entre la juventud, por parte de los creadores
de música y arte en general.

El escritor
Aquilino José Mata reflejó en su artículo titulado «Al compás del
reloj, con ritmo de rock y pop», publicado en El Mundo, de Venezuela, el 6
de febrero del 2001, que esta década arranca
«inspirada por la revolución
en el ámbito del rock y del pop que mundialmente se iniciaría con los
Beatles y los Rolling Stones, proseguiría con otras emblemáticas
formaciones y solistas, con antecedentes encarnados por Elvis Presley, Bill
Haley, Chuck Berry y Little Richard, entre otros»
.

Esta definición es de las más acertadas, al decir que la Década Prodigiosa
comienza a gestarse a finales de los años 1950 y como bien dice Aquilino
«se extiende y afianza durante dos décadas siguientes», y tiende a
desaparecer cuando los Beatles pierden su preponderancia años después
de su separación. Es una música melodiosa, pegajosa, con letras que
cantan al amor libre y también haciendo referencia a la necesidad de un
mundo mejor, pero sin usar palabras groseras, sino más bien con una
poesía limpia y sugestiva.

Esta década musical coincide en Cuba con el triunfo de la revolución
castrista y sus prácticas extremistas buscando la forma de politizarlo todo,
usando métodos injustos de segregación a la juventud que no aceptara su
ideología; llegando al extremo de enviar a los hombres a los campos de
concentración llamados UMAP (Unidad Militar de Ayuda a la Producción),
desde los años 1965-68, y a la llamada Columna Juvenil del Centenario,
desde 1968-70.

La moda de aquellos años no era aceptada por el gobierno catalogándola
de tendencias burguesas y “divisionismo ideológico”, una suerte de delito
político creado para hacer frente a todo tipo de manifestación,
principalmente estética, proveniente de occidente. Por eso en sus inicios
no se permitió radiar a los Beatles, y el sólo hecho de escuchar su música
era considerado como alta traición a la patria, y patria para ellos es
sinónimo de Fidel Castro. Hechos así costaban detención y hasta prisión.
Posteriormente se flexibilizó el estilo de la prohibición, pero el dogma
establecido siguió siendo el mismo por muchos años. Las autoridades se
dieron cuenta que lo que ellos no transmitían por radio, ni TV, la juventud lo
buscaba por las estaciones de onda corta, o en las de AM del sur de la
Florida, que entran a Cuba con facilidad por la cercanía con Estados
Unidos. Determinaron entonces, con una dosis fuerte de censura, poner en
la radio las canciones que los dirigentes escogían y alternaban con las
pocas que se grababan de los artistas locales.

Así nace "Nocturno", el 6 de agosto de 1966, el programa musical de radio
más famoso en Cuba después de 1959, transmitido por Radio Progreso a
las 11 de la noche, y que nos hacía trasnochar y llegar soñolientos al otro
día a la escuela, pero casi al tanto de la música moderna. Unos años
después Nocturno se comenzó a difundir a las 8:30 de la noche, siendo
retransmitido a las 11 p.m. Esos artistas extranjeros que ahí
escuchábamos en su gran mayoría jamás los vimos en sus recitales, ni
siquiera por TV, ni fotos de revistas, ni películas en el cine; tampoco se
vendieron sus discos, ni casetes. Muy pocos tuvieron acceso a cintas
grabadas. Los únicos que las poseían se dedicaban a poner música en
las fiestas particulares, lo que acá llaman “DJ´s” (Disk Jockeys).

En el Primer Festival de la Canción de Varadero 1968, fue que pudimos
conocer y muy brevemente por TV, algunas figuras internacionales como
Massiel y Jennie Luna. El segundo festival que se efectuó a finales de
1970, fue mucho mayor, donde participaron algunos grupos españoles de
importancia como
Los Ángeles, Los Bravos y Los Mustang. Y lo más
notorio es que se le permitió a los jóvenes del pueblo asistir libremente,
sin pedirles identificación; sin importarles su integración política y con los
medios que encontraran para viajar al lugar, donde durmieron en la playa,
al aire libre, donde podían, pero disfrutaron de un genuino festival de la
canción, que sería el primero y el último en su naturaleza para esta
generación, a la que no dejaron aprovechar su edad.

Mientras que el mundo libre escuchaba y veía todo lo nuevo que se creaba,
en nuestra nación se sabía de su existencia de un modo muy limitado. No
obstante ya en 1966 se radiaban a los italianos
Nicola DiBari, Rita Pavone,
Gianni Morandi, Tony Dallara, Doménico Modugno, Gigliola Cinquetti,
Raffaella Carrá
. También a los argentinos Sandro, Leonardo Favio, Palito
Ortega, Silvana DiLorenzo, los Cinco Latinos, Alberto Cortez
; a los
chilenos
Los Ángeles Negros, los Galos, Mona Bel; los peruanos Los
Pasteles Verdes
; los venezolanos Los Terrícolas; los uruguayos Los
Iracundos
. De México entre los primeros estuvieron César Costa, Enrique
Guzmán, Manolo Muñoz, Roberto Jordán, Angélica María, los Apson, los
Yakis.
Pero los extranjeros preferidos fueron siempre los norteamericanos,
los españoles y los ingleses encabezados por los
Beatles. Muchos de los
anteriores fueron posteriormente prohibidos por no ser “solidarios” con la
revolución castrista.

Paradójicamente lo que se prohibía en Cuba comunista era lo que el
gobierno aplaudía cuando se hacía en otros países; como el Movimiento de
Derechos Civiles en Estados Unidos para Minorías Negras; los
movimientos sociales como el "ecologista" y el "feminista"; los "hippies"
con el pelo sin cortar protestando contra las guerras; la revolución sexual;
las huelgas laborales; la creación de partidos opositores y los focos
guerrilleros en Latinoamérica. Sin embargo, a los que se alzaban en armas
en nuestro país les llamaban "bandidos", sólo porque luchaban por un
sistema contrario al que Castro quería imponer en el continente.

La música que se considera de la
Década Prodigiosa no recoge a la ya
tradicional e internacional música cubana que existía desde años atrás,
como el bolero, la rumba, el mambo, el danzón, el son, etc. Tampoco lo que
nació en esos años con influencia de los ritmos cubanos como el Pilón, el
Mozambique y la Nueva Trova. Cuando mencionamos esta década nos
vienen a la memoria las canciones de estilo beat, pop y rock, que era
prohibido y perseguido por los castristas.

«Quizás el socialismo haya sido lo que más negativamente haya influido
sobre nuestra cultura, impidiendo a muchos pensadores y artistas
desarrollar su arte.» OSWALDO DE CESPEDES (Cultura no es
socialismo, cultura es identidad nacional. Nov/98)

Los cubanos queremos recordar esta década musical como lo más lindo
que se vivió en nuestro país a pesar de la represión, y es lógico, la mente
rechaza lo negativo y la juventud es casi siempre lo más hermoso que nos
toca en la vida. Pero en realidad muy pocos queremos memorizar o
reconocer todo lo que se reprimió a nuestros jóvenes al no permitírsele lo
más elemental, lo que más se necesita a esa edad para vivir:
Libertad.

Peor les fue a todos aquellos que tenían inclinaciones artísticas, porque si
el joven corriente sufrió por no poder escuchar por la radio nacional la
música estilo «beat, pop o rock», por considerarse un grave delito,
imagínese lo que fue tratar de interpretarla.

A ninguno que pasó su juventud en Cuba en aquellos años le es ajeno que
si en una fiesta se ponía un «bolero-pop», cantado por
José Feliciano, era
ya una razón suficiente para que irrumpieran por la fuerza la policía, o los
agentes de la seguridad del estado y paralizaran la misma buscando el
disco, la cinta o el casete para decomisarlo junto al equipo; ya fuera un
tocadiscos, una grabadora, amplificadores, bocinas, etc. Y todo con lo difícil
que resultaba adquirirlos, pues no se vendían a la población, además,
quedaba automáticamente detenido el responsable de la casa y el dueño
de los equipos, sin derecho a fianza ni abogados porque no se celebraría
juicio, por no existir leyes que ampararan o castigaran a la víctima de esta
arbitrariedad.

Otra de las causas por la que la juventud vivía descontenta fue la de no
poder vestir ni a la moda ni a nada de lo se usaba en el mundo libre; la
escasez de ropa y zapatos era dramática, y no había muchos que tuvieran
un familiar en el extranjero o la oportunidad de salir al exterior y traer
siquiera lo fundamental. Tampoco existían tiendas de las que ahora
denominan «área dólar», por ser el dólar moneda «prohibida» y al que
sorprendieran portando esta moneda era condenado a largos años en
prisión por «tráfico de divisas», aunque se tratara de un solo dólar. Los
extranjeros que nos visitaban en su mayoría eran de las naciones que
pertenecían al ya desaparecido «bloque soviético», y llevaban a Cuba una
miseria material mayor que la nuestra, por tener más años de totalitarismo
económico y político. Lo que nos vendían por la libreta, o cartilla de
racionamiento, era limitado y de muy poca distribución. Para los hombres
un pantalón y una camisa al año (en teoría, porque nunca aparecían) y tres
metros de tela anuales para cada mujer. Todo lo mencionado, después de
hacer una extensa cola de quizás varios días y noches... y no era una ropa
ni de calidad ni moderna. El gobierno jamás vendió un pantalón corte
campana, ni «pitusas», como les decíamos en Cuba a los «blue jeans»,
que estaban en su furor. Tampoco vendieron camisas de cuello ancho
estampadas con colorines, mucho menos botas de piel o imitación, ni
ningún tipo de zapato moderno.

Para las muchachas el maquillaje de esa época también fue una odisea
en nuestro país. Se acostumbraba entre las jóvenes ponerse sombra de
colores en todo el párpado hasta el límite de las cejas, pero en las tiendas
no las vendían ni por la libreta, así que la ingeniosidad del pueblo logró
hacer inventos dignos de permanecer en el Libro de los Récords, que se
revendía en bolsa negra. Consistía en conseguir en la farmacia una latica
(pote de metal) de Pasta Lasar que es lo que se usaba poner a las
rozaduras de pañales de los bebitos. A esa pasta blanca se le agregaba el
polvo de una tiza de color, que tampoco se vendía al público y que había
que conseguirla «clandestinamente» del Ministerio de Educación, o la que
dejaba inservible la maestra en el borde del pizarrón. Muy pronto dejaron de
recibir las maestras su cuota de tizas en colores y llegaron a dejar de
escribir en la pizarra, porque hasta las tizas blancas escasearon. Por esa
razón terminamos con la única «sombra» que se conseguía, que era la de
color gris, porque a la Pasta Lasar se le ponía ceniza de cigarro. Esa ceniza
también la usábamos para remover las manchas de la piel, después de
aplicar un tinte en el cabello, mezclándola con espuma de jabón.

Las «máscaras» de las pestañas y el delineador de ojos fueron otros
inventos dignos de registrar. En lo personal usé durante un tiempo, para
hacerme esas sofisticadas líneas finas casi pegadas a las pestañas –y
sustituyendo al pincel- una aguja de tejer de madera muy delgada,
mojándola en tinta china que todavía estaba sin racionar en la librería. La
proeza de lograr sin un pincel especial esta línea en el ojo era mucho
mayor si consideramos que, por falta de electricidad, producto de un
«apagón» de aquellos infaltables que nos dejaban a oscuras varias horas
en la «hora pico», teníamos que hacerlo en penumbras al lado de un farol
improvisado al que llamábamos «mechón», y que consistía en un envase
de cristal de boca ancha con kerosene y una mecha o pedazo de trapo, que
se sostenía dentro con un tubo de dentífrico vacío al que se le hacían unas
paticas para balancearlo. Había que salir a la calle con aquel mal olor a
kerosene, que se disipaba poco a poco cuando montabas en el ómnibus o
caminabas rumbo a la fiesta.

Todo joven de esa década que vivió bajo los rigores de la «revolución
socialista» de Cuba tendrá su propia mala experiencia que contar, sólo el
que no pasó por la juventud, ni fiesteó y no le importó lucir a la moda, no
podrá decir nada parecido. Igualmente aquel que gozó de privilegios
porque su familia era de la alta jerarquía, o el infeliz que estaba - o está
aún- adoctrinado con los ojos vendados y no puede ver con luz propia lo
que sucede a su alrededor.

Nuestros artistas, los que no se plegaron o aparentaron simpatías al
gobierno la pasaban mucho peor. Algunos pudieron emigrar y continuar
con su exitosa carrera como
Luisa María Güell, no sin antes ir a cumplir
labores agricolas como castigo. Otros sacrificaron su arte por la libertad y
nunca más hemos escuchado sus voces, como
Jorge País, el Raphael
cubano,
Georgia Galvez, Pilar Moraguez, Hayda Rosa, etc. Los que la
pasaron peor fueron los que obligaron a exiliar en su propia tierra, como
fue el caso de
Meme Solís, al que tanto le costó salir de nuestra patria.
Algunos que aparentaban estar adaptados, también posteriormente han
preferido vivir sin patria, pero libres. Entre estos últimos:
Maggie Carlés que
debutó en 1967 y después formó un dúo con su esposo
Luis Nodal,
cantando versiones al español de canciones famosas en inglés;
Mirta
Medina
que, junto al que fuera su esposo, Raúl Gómez tenían un estilo
psicodélico que atraía a la juventud. Raúl fue el fundador de una de las
primeras agrupaciones de rock en Cuba llamada
Los Bucaneros, donde
participó
Pablito Milanés prácticamente hasta que se lo llevaron preso para
la UMAP.

«Más que sus facultades, una militancia bien activa, sincera o no, al
partido, le abre al artista o al músico las posibilidades. » Dr. CRISTOBAL
DIAZ AYALA (Del Areyto a la Nueva Trova)

La Década Prodigiosa con su influencia «beat-pop-rock» nos trajo
canciones melódicas y puras, nada que ver con la «inmusicalidad» y otras
vulgaridades que vendrían después con el nacimiento del «Rap», y por eso
era aceptada por la juventud y nuestros mayores. Sirvió para unir a varias
generaciones, a que las familias compartieran juntas, porque la podía
escuchar el joven sin recibir una palabra de rechazo de sus padres... y le
gustaba hasta a los niños.

Aunque la música era muy agradable y las letras sanas, inexplicablemente
el gobierno castrista las censuraba, lo mismo a los artistas del «patio» que
al foráneo. Igualmente la ropa de moda fue restringida y perseguida. Los
que fuimos jóvenes o adolescentes a mediados de los años sesenta y
vivimos en la capital cubana, solíamos ir a pasear a la céntrica avenida de
La Rampa, en unas cuadras de la calle 23 del Vedado. Allí los «pepillos»
caminábamos por un rato y después nos íbamos a la tremenda cola de la
heladería Coppelia que en sus inicios vendía 55 sabores de helados, pero
sólo se podían comprar dos clases para comer ahí, uno grande como un
«Sundae» o una «Copa Lolita», y uno chiquito que casi siempre era un
vasito de chocolate llamado «Soldadito». Otras veces íbamos a la cola de
la pizzería «Napolitana», o a la cafetería «Maracas», donde casi siempre
veíamos a algún artista en la misma cola o merodeando el lugar, por la
cercanía con los estudios de TV. En otras ocasiones, en los sábados, si no
había una buena película en el cine Radiocentro, nos íbamos a pie hasta el
edificio Focsa para poder entrar al entretenido programa «Fin de Semana
en TV», con un espectáculo muy variado, de concursos instructivos que
daba premios a los que ganaran, y su famoso segmento final « ¿Qué traigo
aquí?», en el que un panel de expertos tenía que adivinar lo que llevara el
participante.

Todo eso se acabó con la famosa «ofensiva revolucionaria» alrededor de
1968. Al programa lo sacaron del aire, los actores, directores,
camarógrafos, escritores, etc., que no estaban integrados a la milicia ni al
CDR fueron expulsados de su trabajo por «poca capacidad política»... y una
noche siniestra recogieron a los jóvenes que estaban caminando por La
Rampa y se los llevaron detenidos en varios ómnibus, en una redada que
emula con las que hacen contra los criminales y depredadores sexuales.
La prensa oficial sacó algunas fotos de los más extravagantes diciendo
que eran una pandilla de delincuentes. En realidad eran un grupo de
jóvenes aburridos que se reunían a matar el tiempo... y nada más. En lo
adelante al muchacho que vistiera a la moda, usando el cabello un poco
largo y le cayera mal a un agente del gobierno, se lo llevaban a la estación
de policía cercana y lo rapaban, aunque ya había muchos que estaban
sufriendo por su corte de cabellos total, que le aplicaban en el Servicio
Militar Obligatorio o estudiando en becas ofrecidas por el gobierno no con
el objeto de instruir, sino de crear maquinarias y crear agentes serviles.

Otros pueblos de otros países se han quejado de lo que los gobiernos
militares hicieron en aquellos años con sus juventudes, pero no se
menciona a la nuestra, como si en Cuba nada anormal hubiera sucedido.
El escritor
Daniel García Espinosa ha expresado bajo el título Música,
televisión, cine y dictadura, en la página cibernética www.geocities.
com/lginpiu/historia.htm que «en el Perú las cosas fueron muy diferentes
que en el resto del mundo durante esa época, ya que en ese entonces
vivíamos en un régimen militar, al igual que en otros países de
Latinoamérica como Chile y Argentina, que castraba toda expresión cultural
de origen foráneo». Él se refiere al General Velazco Alvarado, de tendencia
izquierdista y gran amigo de Castro, que por suerte no les duró tantos
años. A diferencia de esas cortas dictaduras en nuestro país no sólo se
«castraba» la música del exterior, también la que se creaba en la isla.

Ya lo escribí en otro artículo titulado «
Apología del rock cubano», como no
se le permitió a los primeros grupos rockeros hacer ningún tipo de
grabación ni conciertos personales. Después de pasar por un fuerte filtro,
porque muy pocos grupos actuaron en TV, llegaron los «5U4» integrados
por
Jorge Luis Aguilera y cuatro talentosos músicos invidentes, incluyendo
a su director
Osvaldo Rodríguez. El grupo «Los Barba», donde debutó la
baladista
Beatriz Marquez; el combo de Franco Laganá que tenía como
solista a
María Elena Pena. Otros ya estaban, porque quedaron del
principio de la revolución, entre ellos
«Los Zafiros», versión cubana de los
«Platers»; el combo del argentino aplatanado
Eddy Gaytán, y «Los
Modernistas
», con Lourdes Torres, haciendo un clon muy bueno de los
famosos Cinco Latinos de Argentina. Solistas, además de los que ya les
mencioné en la parte II, tuvimos a
Miriam Ramos (en 1964); Miguel Chávez;
Seve Matamoros, hija del legendario Miguel Matamoros; Leonor Zamora;
Annia Linares
(en 1970), entre los que mejor recuerdo.

Cada uno de estos artistas tendrá una gran historia que contar sobre lo
difícil que les fue grabar, salir en TV, que los radiaran, lograr un concierto.
Pero sobre todo, cantar lo que ellos decidieran y no la música que imponía
el gobierno. Fue un trabajo de supervivencia bajo fuerte censura,
hostigamiento e intimidación que los que están ajenos al medio jamás
podrán imaginarse.

Estas cosas aún suceden aunque sin «ruido», porque el gobierno es el
mismo. El periodista independiente
Carlos Serpa Maceira de UPECI, en
Nueva Gerona, reportó para CubaNet.org bajo el título:
«Despiden a
director de programa radial que sacó al aire música censurada»
, el 1ro.
de noviembre del 2002, que
«Carlos Ramón Casallanas Calafell, director
de Qué Programa, un segmento musical de gran audiencia en este
municipio, especialmente entre los jóvenes, fue despedido por difundir
en la sección Discotequeando la pieza rap cubano titulado Respuesta a
la Tiza, que contesta a otro rap llamado La Tiza, en el cual se critican
algunos de los problemas que afronta la sociedad cubana»
. La pieza está
prohibida según la subdirección de programaciones de Radio Caribe por
presentar problemas de «desviación ideológica». El mismo cuento de
siempre.

Después de ver cómo la música desde mediados de 1980 ha ido
perdiendo su suavidad y calidad, porque entre otras cosas el Rap y todas
sus variantes la han destruido (aunque le da la oportunidad a todo el que
no tiene talento como cantante para incursionar en la canción), me doy
cuenta el porqué a esa década de 1960-1970 la llamaron Prodigiosa. Ojalá
que algún día regrese otra década tan hermosa, pero que la juventud de
nuestro país la pueda disfrutar sin represión.-
A la izquierda el tenor Armando Pico y María Remolá, y a la derecha
Jorge País junto a la famosa vedette Rosita Fornés.
Cuarteto Los Modernistas fundado por Miguel de la Uz esposo de su
cantante estrella Lourdes Torres. Foto de 1962
Jorge País
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Copyright © 2008 María Argelia Vizcaíno