Guanabacoa y su historia
1.- El tranvía de Guanabacoa. Por Reynaldo Barceló.
2.- Nostalgia huracanada. Por
María Esther Castro
3.- La familia Sarraff de Guanabacoa
4.- Recuerdo de una Nochebuena en Guanabacoa. Por
Reynaldo Barceló
5.- El Colegio Más Luz y algo más. Por Jesús García Nuñez
6.- Mi barrio. Por Jesús García Nuñez.
7.- Memorias: La Procesión de San Lázaro en Guanabacoa. Por Jesús García Nuñez.
1.- El tranvía de Guanabacoa
Por Reynaldo Barceló

Primera ciudad de América en usar el primer tren de caballos y después
el primer tranvía eléctrico desde la ciudad de Guanabacoa, en la antigua
terminal de las calles de Aranguren y San Antonio, recorría hasta el final
de la línea en el Reparto la Jata (Calle Corralfalso y Central, de la Jata),
de allí se terminaba su ruta hasta la terminal de Regla y sus lanchas.

Las minas de carbón de piedra de la Prosperidad de Guanabacoa,
necesitaban una forma de transportación de su carbón a los muelles de
la Habana. En el año de 1842, la Empresa de Vapores de la Bahía de la
Habana mas conocida como (EVB), que ya tenían servicio de lanchas y
ferry desde el muelle de Regla a La Habana, empezó a trabajar en la
construcción de un servicio de trenes desde el Muelle de Regla a
Guanabacoa, para mover su carbón. Cuando ya estaba terminado el tren,
a la mina de la Providencia se le acabó la providencia y el carbón, por lo
que a beneficio de los guanabacoenses se cambió el servicio para
pasajeros. Como la línea del tren pasaba por el parque recreativo de
Guanabacoa, llamado “Circo La Prueba”, la EVB le llamó a la línea LA
PRUEBA “yo creo que más bien que le metió el nombrecito para probar
la suerte a ver si pegaba el famoso trencito”. Este tren fue el primero de
Guanabacoa y el primero del MUNDO. Los rieles de madera originales
fueron cambiados a los de hierro en el año de 1848.

En este mismo año de 1848 al cambiar la EVB las líneas de madera a
hierro, se puso al servicio el primer tren de Vapor, terminando el servicio
de mulas y que entonces penetraba de su terminal de calles de
Aranguren y San Antonio hacia el sur de Guanabacoa para conectarse
con una nueva línea que iría desde allí.

Yo a mis 67 años todavía recuerdo la estación de trenes de Guanabacoa,
enorme y preciosa, en la que mi papá guardaba sus camiones de los
chocolates Armada y allí se arreglaban los trenes, en sus andenes
habían todavía uno o dos como recuerdo. Mis tías actualmente viven en
Miami y se recuerdan que el trencito las dejaba en la última estación de
La Jata y caminaban solo tres cuadras para llegar al Batey de los Barceló
en el Reparto Naranjo.

Poco después de terminada la Guerra Hispano-Americana, el 26 de
enero de 1899, Cuban Electric Company of New Jersey, La Compañía
Central de Electricidad de Cuba, (CEC) electrificó el tren Guanabacoa –
Regla, inaugurándose durante la ocupación Americana de la Isla de
Cuba el día 9 de marzo de 1900 (dos años antes de nuestra
independencia) el 20 de Mayo de 1902.

La CEC ordenó los primero cuatro (4) vagones eléctricos de tranvía
grandes contando con 10 ventanillas cada uno.

Al momento de electrificar la CEC la línea Guanabacoa – Regla, se le
dotó por primera vez en el Mundo el sistema de “double trolley”, con el
sistema de doble trolley, le dio a la línea de Guanabacoa la potestad de
ser la única en el Mundo también con este sistema, ya que el
Gobernador Americano en la Isla objetó que no debía ser como el que
estaban poniendo en Cayo Hueso que contaba con uno solo. Esto le
servía al tranvía para regresar por las otras líneas eléctricas trazadas
para este fin y poder hacer el recorrido, ya que podían correr los tranvías
de norte a sur al mismo tiempo.

El sistema de tranvías de Guanabacoa, presidió al de La Habana por
más de un año. Pocos años después de la inauguración de los trenes
de la capital, la Compañía de Ferrocarriles y tranvías de La Habana,
planeó estrechar las dos ramas de La Habana con Guanabacoa, esto
nunca ocurrió (por desgracia). Sin embargo, aunque no se pueden
localizar los datos precisos, la Compañía de Ferrocarriles y tranvías de
La Habana, hizo una línea (de vapor) entre Guanabacoa y Agua Dulce.

Tenemos el gusto de mostrarles el primer tranvía eléctrico de
Guanabacoa, Habana, Cuba y sus alrededores, también una lamina
muestra la medalla conmemorativa de la inauguración del primer trencito
de Vapor- La Prueba. La línea de Guanabacoa se cerró a finales de los
1930.
2.-Nostalgia huracanada
Por María Esther Castro

Hoy no hemos ido a trabajar. Hemos permanecido en casa debido al
mal tiempo que ha provocado el huracán Rita. Ha pasado por el
estrecho de la Florida con categoría 2, afectando por igual a Cuba y
los Cayos.

Y mientras veo el agua y el viento por la puerta del patio un montón de
recuerdos se han agolpado en mi memoria.

¿Cuántos huracanes hemos pasado? ¿Cuántas veces hemos vivido
cosas similares? Los recuerdos  de los huracanes que pasé siendo
niña los conservo agradablemente en mi memoria.

Puedo ver claramente el día como el de hoy nublado y con chubascos
y ráfagas que podíamos sin problemas contemplar mi hermana
Mariela y yo sentadas en la escalera situada en el comedor de mi
casa de Guanabacoa. Allí hay una ventana de cristal con vista
panorámica al patio. Magnífico puesto de observación para advertir
cualquier gajo de los àrboles que caían por el viento o cualquier
objeto que volara.

La preparación del huracán había acontecido rato antes cuando mi
papà ataviado con botas, sombrero y guataca  había quitado la basura
y yerba previniendo acumulaciones de agua en el patio y terraza.
También ya había subido al techo a quitar la antena del TV, entre mil
recomendaciones de cuidado por parte de mi mamà.

Aquí también tomamos nuestras medidas ayer cuando bajamos los
onnies y guardamos todas  las plantas de la terraza, además de
asegurar provisiones alimenticias.

En mis recuerdos infantiles los ciclones o huracanes eran eventos
divertidos: No se asistía a la escuela, podíamos mirar parte de lo que
pasaba cómodamente sentados en la escalera del comedor.
Después vendría el apagón, los faroles encendidos y una sesión de
los màs interesantes cuentos y relatos sobre huracanes anteriores, a
cargo de mi papá, magnífico escritor y mejor narrador, quien cautivaba
la atención familiar con cuentos de horror y misterio, muertos
aparecidos, premoniciones, sueños que se hacían realidad, sexto
sentido y quien sabe cuantas cosas más que disfrutábamos la
familia entera sentados en la sala.

No teníamos absolutamente ningún miedo, nuestra casa de
mampostería y techo de placa, construida en 1952 había resistido
muchos ciclones y ofrecía un refugio seguro a sus moradores.

Los ciclones aquí son impresionantes, imponentes, capaces de
hacer sentir miedo a cualquiera. ¿Será que son más fuertes? ¿O que
las casas por el tipo de construcción son mas débiles? ¿O los
apagones hacen más daño? ¿O que a lo bueno todos nos
acostumbramos y después no podemos tolerar la incomodidad que
antaño casi disparatábamos?

Mi mamá entonces nos hacia pensar que no todo el mundo disfrutaba
de un lugar seguro y nos hablaba de nuestros primos y tíos en
Madruga, de los de la finca cuyas frágiles casita podían verse
afectadas y rezábamos por todo ellos, y por muchos otros que no
tenían ese confort, pidiéndole a Dios los protegiera de las
inclemencias del pésimo tiempo.

Ahora tengo un recuerdo para las víctimas del huracán Katrina el más
reciente destructor de todo, que arrasó poblaciones enteras en New
Orleans y Mississippi. Me sumo a las oraciones que otrora mi madre
hacía y creo sigue haciendo por los de abajo, los afligidos y
perjudicados….

Puedo ver claramente la sala de mi casa de Guanabacoa en
penumbras alumbrada por dos faroles, toda la familia reunida en
torno a mi papá que relataba uno tras otro los cuentos más
inverosímiles, interesantes, divertidos  y humanos del mundo.

La forma en que vivimos los ciclones están guardados en mi
memoria en el archivo donde se guardan los eventos agradables,
llenos de humor, ternura y sensibilidad. ¿Por qué ahora los veo tan
diferente? ¿Por qué me  asustan tanto?

De la misma manera que un niño puede enseñar algo nuevo a un
adulto, mi memoria infantil se empeña en mostrarme enseñanza,
sentimientos, y un ambiente familiar unido, que sin olvidar la
desgracia ajena intenta sobrepasarlo en  paz.

Ojalá pudiera aprender de estas experiencias infantiles a suavizar las
tensiones que genera un huracán.
3.-La familia Sarraff de Guanabacoa
Por María Argelia Vizcaíno

Debido al interés y confusión que ha generado esta prestigiosa familia de
emigrantes del Medio Oriente a nuestra Villa, comparto una carta que me
escribiera tan amablemente
Cecilia Sarraff explicándome su historia,
según le ha contado su suegra la recordada profesora Silvia Herrero Vda.
de Sarraff.

Estimada Sra. María Argelia:

Acabo de leer un correo donde Ud. recuerda los vecinos guanabacoenses
de origen asiático y europeo no español y algunos de sus negocios o
profesiones. Es cierto que Ignacio Sarraff (se escribe con doble F) era el
dueño de la tienda Sarraff, aunque allí trabajaba toda la familia.
Precisamente por eso la memoria histórica le suele llamar a esa tienda,
la tienda de los Sarraff. La otra tienda, la que usted menciona, era un
local pequeño, también propiedad de Ignacio, donde hacían
confecciones femeninas dos de sus hermanas, Amalín y Angelita (esta
tienda desapareció entre los años 1954-1956, según la memoria de mi
suegra, viuda de Salvador Sarraff).

En una sección de la casa y local de los Catalanes, que entonces era de
la familia asturiana de apellido Bravo Alvarez, (también emparentados
con la familia de mi suegra de apellido Herrero Ereña, pues su hermana
Olga Herrero es la viuda de Paco Bravo), había una peletería,
propiedad de José Sarraff y Salvador Sarraff, sobrinos de Ignacio, los
que emigraron a Cuba en el año 1949 procedentes del Líbano.

Ignacio Sarraff tuvo otros negocios en Guanabacoa, como una fábrica
de toallas que estaba localizada cerca del Parque de la República, y
otras de medias y camisa. También fue dueño de la Casa Club de
Cojímar.

Ya Ignacio y muchos de sus hermanos han fallecido en Miami, ciudad
que escogieron para vivir los días de exilio.

La familia Sarraff-Rassi comenzó a emigrar a Cuba desde principios de
la segunda década del siglo XX, procedentes de la provincia Akar,
situada al norte del Líbano. Fueron tres los adelantados, todos
hermanos. Ellos se llamaban José, Narciso y Julián. Entraron por el
puerto de La Habana y se establecieron en Bolondrón, Matanzas. Tengo
noticias de que el hermano Narciso estuvo primero en Colombia, donde
nació uno de sus hijos, Elías Sarraff Moisés.

Ya los tres hermanos venían casados. Y algunos de los hijos habían
nacido en el Líbano, como los hijos de José, Emilia Sarraff Tame, la
abuela de mi esposo y Angel Sarraff Tame, el que falleció en la segunda
mitad de los años 20; y también el hijo de Narciso, Ramsi Sarraff
Moisés, que aún vive en Cuba.

Este precisamente era el que poseía un taller de joyería en la calle
Amistad cerca de Neptuno, pero éste no llevaba el nombre Sarraff.

Imagino que usted se refiere a la farmacia Sarrá, en la Habana Vieja. A
pesar de la similitud gráfica de ambas palabras, los Sarraff no tienen
vínculo familiar con ese apellido, el que, según tengo entendido, es de
origen español.

Hasta aquí el interesante relato de Cecilia Sarraff que mucho
agradecemos nos haya dedicado su valioso tiempo para ayudar a los
guanabacoenses y a los cubanos en general a que no se pierda la historia
de esos extranjeros laboriosos que engrandecieron con su esfuerzo la vida
en nuestra patria. Exhorto por este medio a otros descendientes de
emigrantes en Cuba a que nos escriban contándonos parte de sus logros
en nuestra Villa.

Desde que somos extranjeros comprendemos mejor a todos aquellos que
llegaron a nuestra patria en busca de democracia y prosperidad y que
lamentablemente perdieron nuevamente desde el 1ro. de enero de 1959.

Remitan sus comentarios al respecto a guanabacoalabella@yahoo.com
4.-Recuerdos de una Nochebuena en
Guanabacoa
Colaboración especial de Reynaldo P. Barceló

Llegaba la Nochebuena como de costumbre en el batey de los
Barceló. Todos participaban activamente en los preparativos para la
fiesta.

Mi abuelo, Don Pedro Barceló, asignaba a sus ocho hijos e hijas, y
sus respectivos cónyuges, así como a sus once nietos ir al campo a
recoger las pencas de guano. Con esas pencas, cada año se
construía una especie de bohío donde se celebraría la fiesta familiar
más importante, ya que ninguna de nuestras casas podía albergar a
tanta familia y amigos en nuestros comedores. El lugar siempre se
escogía entre la casa del abuelo y mi tío Mario, el hijo mayor. Mi padre,
Pedro, el hijo menor, era el encargado de coordinar esa tarea. Yo me
aprontaba para ir en el camión y ayudar, pero con una reprimenda
siempre de mi abuelo quien decía yo era muy chico y era peligroso.
Finalmente, me quedaba de mala gana solo entre mujeres en el batey.

Tradicionalmente mi abuelo Pedro era el encargado de asar el
puerco. Empezaba por cebar el animal, dar instrucciones cómo hacer
el abobo, y dirigir la construcción del hueco donde se cocería como en
horno el lechón. También en sus rondas de supervisión le encantaba
su trabajo ya que era el que primero probaba cuando el lechón ya
estaba en su punto para daba su visto bueno.
Entre tantos miembros de la familia, había responsables de los vinos,
turrones, el guanajo, los pollos, frituritas, buñuelos de yuca, frijoles
negros, fricasé de pollo, ensaladas, empanadas, y varios dulces y
postres. No había quien hiciera mejor comida cubana en toda la Isla
que mi Abuela Benita, junto con todas mis tías. Era ella misma quien
supervisaba con sus hijas todo lo demás en la cocina.

Yo siempre observaba cómo se preparaba todo y me encargaba del
árbol de Navidad y por supuesto siempre me distinguía en la
construcción de nuestros Nacimientos. Como alumno de los
Escolapios de Guanabacoa había participado en la construcción del
nacimiento tradicional de la escuela varias veces. Esto me
enorgullecía y me sigue causando un gran honor hacerlo hasta la
fecha.

Al final de todos estos preparativos, toda la familia y amistades nos
reuníamos en la Nochebuena, para celebrar nuestro magno festín
familiar de Navidad. Todo se celebraba en perfecta armonía, inclusive
entre los primos ya sabíamos nuestros papeles de antemano, y
sabíamos que debíamos jugar y como no molestar a los mayores
durante este proceso de mas de 7 horas en la mesa, o ya sea
bailando, cantando o platicando. Siempre y cuando estuviéramos al
pendiente de las campanadas de la media noche ya en esa hora se
suspendían los juegos para disponernos los que quisiéramos acudir
a nuestra Misa de Gallo en los Escolapios.

El Nacimiento Escolapio era el más grande que yo haya visto en mi
vida. He viajado por muchos países de América y no he visto algo tan
hermoso. Dicho nacimiento se instalaba siempre en las aulas de
trabajos manuales y carpintería, a cargo del padre Masvidal. El
tamaño del recinto equivaldría a dos salones de clases. El padre
Capdevila, aparentemente con conocimientos de ingeniería eléctrica,
diseñó todo el sistema eléctrico, en compañía de sus ayudantes
electricistas de la escuela. Algo excepcional era la creación del día, la
noche, sus estrellas, rayos, lluvia y ríos de agua caudalosa.

En una rotonda mecánica que pasaba cada 2 a 4 minutos, se
representaban ciertos cuadros, como La Anunciación, La Visitación a
Santa Isabel, y La Presentación de Jesús en el templo. La parte
central consistía siempre de todo el Valle de Jerusalén y al fondo la
gruta de la Natividad, con los Reyes Magos en sus camellos, a la
distancia. Todas las figuras más relevantes eran españolas, de
madera, de aproximadamente 36 a 48 centímetros. Los ornamentos
de estas figuras estaban muy preciosamente tallados, muchos de
ellos con filigranas de oro. Otras figuras serían más pequeñas como
de dos a tres pies. Muchas figuras pequeñas, como pastores o
mujeres del pueblo tenían movimiento. Cada año se cambiaba
completamente el tema y la elaboración del mismo. Los visitantes
volvían el próximo año a verlo muy cambiado. El salón siempre se
encontraba en tinieblas, haciendo la presentación del Nacimiento
más solemne e impresionante.

En la noche de la fecha tan esperada, 24 de Diciembre, después de la
solemnísima Misa de Gallo, salían de nuestra Iglesia todos en
procesión, cantando villancicos. Caminaban por el claustro hacia la
planta baja del Colegio, donde se había construido el Nacimiento.
Eran momentos muy emocionantes cuando el Rector, Padre Galofré,
abría el salón y lo bendecía antes de dejar pasar a los visitantes y
peregrinos a disfrutar el Nacimiento por primera vez ese año.

El día de los Reyes Magos era muy importante para el Colegio. En esa
fecha, el Padre Monford, un verdadero santo que dirigía la Escuela
Escolapia para niños pobres y becados, se acordaba más que nunca
de ellos. Bajo su dirección salían varios camiones y carrozas, llevando
como antiguos Reyes Magos o pastores a algunos maestros o
escolapios, disfrazados de reyes o pastores. Estos se encargaban de
entregar los juguetes y regalos a los necesitados de Guanabacoa.
Ahora vivo en San Antonio, Texas con mi esposa. Estamos cerca de
una hija y dos nietos. Otra hija y cuatro nietos viven cerca y nuestro hijo
mayor, con sus tres hijos, reside en California. Cada año trato
humildemente de honrar a aquellos Padres Escolapios, quienes
enseñaron con dedicación y perseverancia el amor a Dios y al
prójimo, a través de sus legendarios Nacimientos. Yo trato de
preparar nuestro Nacimiento siguiendo lo que me enseñaron en los
Escolapios. Este año ocupé la mitad de nuestra sala para instalarlo.
El año pasado el periódico local hizo un reportaje sobre el mismo.

La comunidad Escolapia de Cuba celebrará el 150º aniversario de su
fundación en 2006. El Colegio de los Escolapios de Guanabacoa
posiblemente fue la primera escuela Católica de Cuba y quizás en
América. Se estableció por orden de la Reina Isabel II de España. San
Antonio María Claret, Arzobispo de Santiago de Cuba, primer Santo
Cubano, fue el encargado de abrir nuestra escuela.

Recemos por estos santos Sacerdotes Escolapios que tantos valores
cristianos nos enseñaron. Por todos los Cubanos formados por los
Escolapios, quienes forjaron una carrera que a muchos les ha valido
para orgullo para Cuba y ejemplo para la comunidad Escolapia.
Elevemos nuestras oraciones para que algún día, no muy lejano,
puedan oírse nuevamente los villancicos y cantos alegres salidos del
corazón de nuestros pinos nuevos Escolapios.

Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo llenos de Paz y Amor, donde
Cristo este Verdaderamente Presente y que Sea El el verdadero Motivo
de Esta Celebración.

Les desean a todos los Guanabacoenses y compatriotas Felicidad y
Paz en Cristo Jesús.
Reynaldo P. Barceló y familia
5-El Colegio Más Luz y algo más
Por Jesús García Nuñez

Del colegio Más Luz guardo recuerdos inmarcesibles.  De mis compañeros
me parece recordar a alguno de apellido Díaz, pero muy borroso. Recuerdo
bien a Ceperito (hijo de Cepero Brito el locutor) y a Ernestico Duarte (hijo del
gran músico), él también se hizo músico y murió relativamente joven creo
que aquí en España.

El colegio era regenteado por los señores Lancha. Como eran tantos, para
identificarlos hacíamos como en el idioma húngaro, que primero va el
apellido y después del nombre de la persona.
El señor Tomás Lancha Conesa  era el director, asistido por su esposa la
señora Enriqueta Arenas, siempre fumando. La secretaria era una dama
exquisita prima de doña Enriqueta, la señorita Mery.  Yo fui alumno del
señor Lancha Adolfo y del señor Lancha Jesús, que luego se volvió
comunista y se quedó en Cuba. Al (antiguo) colegio La Milagrosa la mafia
comunista le puso su nombre. La esposa de este Jesús era la señora
Altagracia, profesora de música. Tuvieron dos hijos. La hembra, Ati, se hizo
maestra y también comunista. Del varón no sé que se hizo. El señor Lancha
Chiqui era el hijo de Don Tomás, pero nunca supe su nombre y también
daba clases. Conocí también al patriarca de la familia, el señor Lancha
Vicente, ya muy anciano y retirado por aquellos tiempos.

Tuve también de profesoras a la Dra. Isabel Baso (cienfueguera), a Doña
Carmen (profesora de inglés) a la canadiense Angela Clarmount (de
francés), y a Enedina Batista. También eran profesoras las hermanas
Dolores y Luz María Cueto, el hijo de ésta, Gonzalo, estudiaba con
nosotros.  A diferencia de las escuelas públicas, no había profesores de
color, aunque sí conocí una alumna negra, Verena. En aquella época los
profesores varones vestían bata blanca para impartir clases.

También tuve de condiscípulos a los hermanos Areas, uno de ellos se
llamaba Osvaldo, y a Sara Wager, de la reconocida familia Wager de la calle
Martí.  Más Luz no era un colegio de niños ricos, pero sí de la clase
acomodada. Había un poco de todo, se mezclaban las clases sociales.
Pero era un colegio privado y no muy barato.

El colegio primero había estado en la esquina de Martí y Cruz Verde y luego
se construyó un moderno edificio de tres plantas con ascensor en Cruz
Verde junto al otro, y así se amplió mucho.  Cada mañana se escuchaba en
formación en el patio el Himno Nacional, y desfilábamos hacia las aulas
bajo las notas del Himno de los Estados Unidos. Era algo emocionante
que nunca olvidé. La familia Lancha, igual que la mía, era muy amante de la
democracia, de nuestra Patria  y los Estados Unidos a los que
considerábamos, como hoy, una segunda Patria.   

Hay cosas que me gustaría revivir a través de la escritura y te podría contar,
se me ocurre ahora de pronto: semblanza de la calle Martí, la procesión de
San Lázaro y todos sus preparativos en mi barrio, del cual San Lázaro era
Patrón, la cena que Doña Esther Mateo organizaba en los Salesianos para
los niños pobres y a la cual yo me “colaba” porque éramos amigos de Doña
Esther. Era la esposa del doctor Joaquín Jiménez Gallo, nuestro médico.
Éramos socios de la Cooperativa de Médicos de La Habana (que radicaba
en Toyo), y de la cual Jiménez era médico. Pero él ofrecía consultas
gratuitas en su consultorio ubicado en la propia mansión de la calle Pepe
Antonio. Esther venía de una familia de patricios cuyo dinero se remontaba
a la época de la colonia. Jiménez, en cambio, venía de una familia pobre.
Era tan generoso que tenía su consulta abierta a todos, no sólo a los
socios de la Cooperativa. Atendía a los pobres con la misma solicitud que a
los socios. Todos lo adoraban y su funeral fue grandioso, sólo comparable
al de aquel enfermero de la Casa de Socorro del pueblo de Regla, que
cuando murió el pueblo entero lo acompañó hasta el cementerio por lo
bueno que había sido con todos. Me emociono evocando estas imágenes
de hechos que tuvieron lugar hace ya cincuenta años.       

La hoy famosa bailarina (en Cuba pero no comunista) Marta García, era de
Guanabacoa. Ella era hija de los dueños de la fuente de soda que estaba
en Martí casi esquina a Versalles. La recuerdo de niña, saliendo al local
comercial en puntitas de pie.
Marta ya está retirada y es profesora de ballet en la Escuela Nacional de
Arte.
(*)

Pues habría muchas cosas que contar: los bailes en el Liceo (blancos) en
la sociedad Progreso (negros) y en los altos del café la Viña, (para ambas
razas). No recuerdo exactamente cómo se llamaba este último (Casino
Español).

También se podría hablar de los cines Ensueño y Carral, diferentes por sus
programaciones y por los públicos que a ellos asistían. Los vendedores de
cigarrillos y golosinas, etc.      

Las librerías de Puga eran famosas. La primera en la calle Martí cerca de
Bécquer, donde estaba el Parque de Las Madres y del bar La Juanita. La
otra en Máximo Gómez casi esquina a Pepe Antonio. Puga conoció otra
fama después de muerto. Estaba enterrado en la zona del cementerio (el
viejo) que colinda con la Calzada de Guanabacoa y Potosí.  Una guagua
perdió la dirección y se estrelló contra el muro, lo derribó, fue a dar contra la
bóveda de Puga, la rompió completamente y el cadáver quedó al
descubierto con el consiguiente olor que se extendió rápidamente.  Había
sido un buen hombre sobre el cual corrían ciertos rumores porque era
solterón.   

Una institución que aparecía en las calles de Guanabacoa en invierno eran
los vendedores ambulantes de maní y tamales. Y todo el año teníamos al
platanero, el pescadero y los dulceros, sin contar los carritos de helados
Guarina y Hatuey. Todavía recuerdo pregones.

En Guanabacoa además, cada familia acomodada tenía sus pobres. En mi
casa teníamos a la negra Rita, que una vez al mes tocaba con un bastón.
Venía vestida de blanca con un paño en la cabeza. Yo le tenía miedo. Mamá
le daba algún dinero y algunas medicinas que obteniamos en casa de
Mancebo, el delegado de la Cooperativa de Médicos en Guanabacoa (una
familia distinguida, sobre todo Nena, su esposa).

También es interesante recordar a familias honorables como los Solernou,
los Yeste, los Comoglio y otras. En los altos del cine Carral vivía también
una familia distinguida cuyo apellido no recuerdo ahora.

En realidad, la vida social que yo hice de niño y jovencito fue en el mundo de
mi madrina, ella sí era una mujer de alta posición en Miramar y me quería
mucho. Amiga por cierto, de Carmelina Lorenzo, la secretaria de Marta. Tuve
una prima que por tener el apellido Fernández (de su padre, mi tío político y
militar ), le pusieron Marta y así sonaba Marta Fernández como nuestra
querida primera dama. Mamá bromeaba y le decía que sólo le falta el
Miranda para ser como Marta. Pero esta es otra historia que tal vez un día
les puedo contar.
6-Mi Barrio
Por Jesús García Núñez

Aunque yo nací en el Hospital Militar de Columbia, vivía en San
Andrés 166, entre Fuentes y San Joaquín, Guanabacoa, al lado de
Teresa y José, el dueño de las guaguas de La Milagrosa.

En la esquina de Fuentes y San Andrés vivía la familia Fusté:
Josefina y Paco, y sus hijos Tomás, Blanquita y Raúl. El apellido de
Paco no lo recuerdo (García). Ellos fueron los primeros en tener
televisión en el barrio, y cobraban por dejar ver la programación.
Eran cinco centavos. Los sábados, como había boxeo o pelota,
cobraban 10 centavos. En la casa vivían además dos personas
encantadoras, la viejita Pepilla, que no recuerdo si era madre de
Josefina o de Paco. Y vivía también una tía, que también se llamaba
Teresa.

Eran todos unas personas maravillosas. Josefina tenía algo
deformada una ventana de la nariz porque según decía mamá, había
tenido algo malo que luego se detuvo. Recuerdo que una vez todos
se conmocionaron porque Tomás tuvo un accidente en una guagua.
Como muchas veces se viajaba colgado del estribo, dicen que él fue
a pagar, se inclinó hacia fuera y chocó la cabeza con un poste de la
luz, no sé si en La Habana o Guanabacoa. Afortunadamente no fue
grave.

Paco, el padre, era un hombre muy entusiasta. Entonces Claudio
Conde, el dueño de los manantiales La Cotorra donde trabajaba
Paco (así como una prima mía como oficinista, su padre Olegario y
mi tío Delio) quiso este Claudio Conde patrocinar un programa de la
TV para la marca de cerveza Cabeza de Perro. Paco organizó con
los niños mayorcitos del barrio un programa infantil cómico que se
llamó Las Pandillas Cabeza de Perro. Yo no participé porque era
muy pequeño pero todavía lo recuerdo. Yo veía el programa y
recuerdo a un vecinito mío mayor que yo, un negrito que le decían
el Moro.

Cuando vino la mafia comunista Tomás se fue de Cuba. Josefina y
Paco se hicieron comunistas. Pero muchos años después Josefina
estaba arrepentida y ya yo siendo mayor una de las últimas veces
que la vi ella me dijo que cuánto se había equivocado. No recuerdo
cuándo murió porque ya yo no vivía en el barrio. Blanquita se casó
primero con un chofer de guagua y luego creo con un militar.
Raulito se casó con una bailarina (creo de nombre Isis, no estoy
seguro) hija de una enfermera que también se llamaba Josefina y
que vivía en la calle Molinos. Raulito según me dijeron estuvo loco
no sé si a consecuencia de la separación pero estuvo bastante mal
de la cabeza.

Frente a los Fusté, en la misma esquina pero con la entrada de la
casa por San Andrés, vivía una familia negra cuya dueña se llamaba
Elisa y su marido Leoncio, que trabajaba en la Shell (o en Veló
como se decía entonces). Esta Elisa tuvo varios hijos y una de las
hembras tuvo dos hijas, Rebeca y Lázara. Esta última se casó
después con el comunista Santiago Alvarez que se hizo famoso
haciendo documentales para el ICAIC (Instituto del Cine). Esa
Lázara sigue por ahí y es una comunista rabiosa. Estuvo aquí en
Tenerife a dar una charla sobre el cine de pacotilla que hacía su
marido.   
Esa familia negra era devota de San Lázaro, y el día 16 de diciembre
(vísperas) hacían unos toques de santo espectaculares, así
esperaban a las 12 de la noche y el toque continuaba hasta el
amanecer, imagínate tocando tambores toda la noche. Pero así era
en ese entonces.

En la esquina de San Andrés y San Joaquín estaba la escuela pública
Ana María Mandam donde yo hice el Kindergarten. Mis maestras
fueron Elisa, una señora exquisita de unos 80 años. Y otra más
joven, Teresa, que casualmente era también telefonista de la
Cooperativa de Médicos de La Habana de la que ya les hablé cuando
de conté las anécdotas de Esther Mateo, la esposa del Dr. Joaquín
Jiménez Gallo.-
Bienvenida su colaboraciòn a
Guanabacoa y su Historia. Por favor
remítala a mariaargelia@hotmail.com
con copia a
guanabacoalabella@yahoo.com
7.-Memorias: La Procesión de
San Lázaro en Guanabacoa
Por Jesús Núñez

Como les he contado, que aunque nací en el Hospital Militar de
Columbia, vivía en Guanabacoa. Primero, me parece que sobre 1956
fue cuando mi padre construyó nuestra casa en San Juan de Dios
(San Juan Bosco a partir de 1957 más o menos no recuerdo
exactamente). Pero no olvido que la procesión del día de los Padres
Salesianos bautizaron la calle. Fue muy bonito. Yo asistí a esa
procesión y recuerdo que estaba parado junto al murallón del
manicomio Pérez Vento, del cual re hablaré un día.

Pues si antes vivíamos en San Andrés #166 después vivimos en San
Juan Bosco #167 entre Fuentes y San Joaquín, casi igual que antes,
sólo que en una bonita casa recién construida y amueblada, también
con televisión.

Este era el barrio llamado Oeste de San Francisco. El local social de
la Asociación de Vecinos estaba ubicado en la calle San Joaquín, casi
esquina a San Juan Bosco, y en esa misma esquina, existía frente a
la bodega de Joseíto y Angelina Ginorio, una especie de urna muy
grande que se componía de una columna de cemento con una
abertura, pues era como una alcancía gigantesca, y encima forrada de
cristales. La urna contenía una imagen de San Lázaro. Ya sabemos
por la etnología religiosa que el San Lázaro de las muletas, las llagas
y los perros fue una invención cubana debido al sincretismo religioso.
Pero todos venerábamos a San Lázaro, yo mismo todavía.

El barrio, me parece que abarcaba varias manzanas. Por el sur el
callejón o calle de Príncipe Alberto. Por el este, la calle Cruz Verde, por
el norte la calle Barreto, y por el oeste la calle San Andrés.

Yo recuerdo que año tras año, el día 16 de diciembre, llegaba
tempranito una muchacha muy guapa, familiar tal vez de los Ginorio, y
pintaba las paredes interiores de la urna que daba abrigo a San
Lázaro. Los motivos eran celestiales, azules, nubes y ángeles. Era
muy bonito. Recuerdo que muchas calles del barrio se engalanaban
con banderitas.  El principal animador de la fiesta era un señor
llamado Guillermito Vargas, que me parece era maestro de Los
Escolapios. Era el presidente vitalicio de la Asociación.  El día 17, al
anochecer tenía lugar la procesión, con San Lázaro ya vestido con
galas especiales. El cortejo partía de la sede de la asociación, y me
parece que bajaba por San Juan Bosco, torcía Barreto y subía por
Potosí (la calle que conducía al cementerio). Yo recuerdo que la
procesión siempre se detenía en Potosí frente a la casa de la viejita
Evelia, muy religiosa y devota de San Lázaro y San Francisco. La de
ella era una casa con terraza alta, de modo que la veíamos a ella allá
arriba, rezando hacia la imagen y tosiendo, pues tosía mucho aunque
no era tuberculosis, sino otra dolencia no contagiosa. Otra señora
devota de la calle San Joaquín, repartía panes bendecidos por los
padres salesianos. La última procesión tuvo lugar en 1960. Porque
resulta que el mismo año 1959 la mafia comunista entró en conflicto
con la Iglesia. Entonces aparecieron unos carteles con la foto de un
niño y un texto que decía: ¿Este niño será creyente o ateo? Y la mafia
sacó al mismo niño con un texto que decía ¿Este niño será patriota o
traidor?

Desde la noche del 16 el barrio se llenaba del sonido de tambores
pues los negros y sus descendientes, y algunos blancos, veneraban a
San Lázaro con el nombre de Babalú Ayé. Había toques en casa de la
negra Elisa (de grato recuerdo para mí), frente a casa de los García
Fusté. También los que vivían en la esquina de San Joaquín y San
Juan Bosco, y sobre todo en el local de los Abacuá en Cruz Verde
entre Fuentes y San Joaquín, allí era la apoteosis con gallos y
carneros sacrificados. A esa fiesta no podían entrar mujeres pues era
una sociedad secreta masculina con juramento secreto. Por cierto, la
gente de esa secta fue muy hábil para infiltrarse en el gobierno,
especialmente la policía, y poder advertir a sus amigos de cualquier
problema. Por ejemplo, después que llegó la mafia muchos abacuá
eran apuntadores de terminales (la bolita), revendedores de carne y
otros productos. Tenían a su gente metida en la policía para alertar
cuando venían registros.  

Demás está decirte que el día 17 junto a los muros del cementerio,
por Potosí, amanecía toda esa zona cubierta de animales muertos,
frutas, velas y otros testimonios de los trabajos de santería que
habían tenido lugar durante la medianoche.  En definitiva que el 17 de
diciembre era esperado con tanto espíritu festivo como el 15 de
agosto en toda Guanabacoa y el día de Santa Ana en nuestro querido
Campo Florido. Lamentablemente esta última es una fecha de triste
recordación para los cubanos.
(*) ACLARACIÓN: EN EL ESCRITO "EL COLEGIO MAS LUZ Y ALGO MAS",
EXPLICAN QUE MARTHA GARCIA, LA BALLERINA, ESTÁ RETIRADA, QUE
ESTÁ EN CUBA Y QUE ES PROFESORA DE LA ESCUELA NACIONAL DE
ARTE, Y  ESO YA NO ES ASÍ.
MARTHA NO ESTÁ RETIRADA:  VIVIÓ COMO 5 AÑOS EN ARGENTINA CON
SU ESPOSO, COMO PROFESORES DE BALLET Y DESDE FEBRERO 2006
VIVEN EN ESPAÑA, COMO PROFESORES TAMBIÉN.