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Cojímar

El poblado de Cojimar, se encuentra
situado aproximadamente a los 23.2º de
longitud norte y a los 82.3º de longitud
oeste. Forma parte en la actualidad del
municipio La Habana del Este, que está
a 7 Km. al este de La Ciudad de La
Habana. Sus límites son: Al norte, con el
estrecho de la Florida. Al sur, con la
Avenida Monumental. Al Oeste con la
Avenida que da acceso al Estadio
Panamericano y el Reparto Camilo
Cienfuegos, Municipio Habana del Este.
Al Este, con Alamar. La localidad tiene
4,2 Km cuadrados de superficie.

Información proporcionada por
Wikipedia
Fotos en blanco y negro
especialmente para esta página
cortesía de Miriam Cozar.
ESTAMPAS DE CUBA POR
MARIA ARGELIA VIZCAINO
La Flor de Cojímar
Bienvenida su colaboración escribiendo a
mariaargelia@hotmail.com con copia a
guanabacoalabella@yahoo.com.
Guanabacoa y sus vecinos
---Casablanca
---Santa María del Rosario
---Regla
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A la familia del Dr. Emilio Solernou (EPD)

Es Cojímar con toda seguridad una de las mejores playas del Este de La Habana (a
7 kilómetros del centro). Quizás no pueda competir con la arena fina de Santa María
del Mar, ni con la belleza paradisíaca de Boca Ciega, Guanabo o Jaruco, pero sí es
indudable que la fama de tener propiedades saludables no es una falacia.

Como es la playa más cercana a mi pueblo (Guanabacoa) allí desde bien chica me
llevaban mis padres con frecuencia, no sólo para que me bañara en la llamada
«Poceta de los Curas» (una playita sin arena),  también para que recibiera el «aire
yodado» que decía mi madre me curaría mi pegajosa bronquitis asmática —y que
quizá me curó.

Me gustaba mucho aquel poblado, que fue el primer balneario público de toda Cuba
fundado en 1864; con su torreón colonial; la glorieta de corte neorromántico frente
al muellecito; su famoso restaurante-bar La Terraza ubicado en la calle Real No.
161, donde mi padre me enseñó a tomar una copita de Vermouth como aperitivo
pues decía que mejoraba mi apetito. Desde allí disfrutaba viendo a los pescadores
preparando sus avíos y otros lanzándose al mar infestado de agujas y tiburones que
después venderían a una de las cuatro tiburoneras del pueblo. Admiraba a los
decididos boteros que nos cruzaban el río, a veces con el agua hasta las rodillas
para que pasáramos un buen rato en el Golfito de Alamar o saboreáramos un filete
de pargo rebosado, —que era mi preferido en ese restaurante.

Soñaba con algún día ir a residir allí, pues tenía un embrujo especial, por eso creo
que al célebre Ernest Hemingway le pudo inspirar su cuento «El viejo y el mar»
(llevado al cine en 1957) que le hizo ganador del Premio Nóbel de Literatura en
1953.

Yo sentía atracción por su gente hospitalaria, con la alegría contagiosa de los que
saben retribuir su agradecimiento por lo que Dios tan generosamente les regaló.
Pero lo que más me cautivó fue su flor. Nunca supe cómo se llamaba. Nacía en
ramilletes de distintos colores (amarillas, rosadas, blancas) de un tallo simple,
delgado y verde. Yo las contemplaba embelesada desde el asiento del auto o del
ómnibus y me provocaba acariciar el terciopelo de sus pétalos, hasta que un día
tuve una en mis manos y pude aspirar su aroma, entonces descubrí que Cojímar con
su flor es un canto a la vida.

Ese día memorable fui a visitar con mis amiguitas Mariela y Tity, la casa del Dr.
Emilio Solernou, padrino de esta última. Allí su esposa Mary (con pronunciación en
inglés), en el espacioso y bien cuidado jardín cultivaba gran variedad de flores, pero
yo sólo tuve ojos y nariz para aquella que yo bauticé de Cojímar. Desde entonces
cada vez que mis amiguitas decían que iban a ver a sus familiares al pueblo costero,
yo trataba de acompañarlas, y junto a tan particular flora pasábamos momentos muy
gratos que los Solernou nos brindaban con sincero cariño.

Por ese mismo tiempo el padre de mis amigas, el gran escritor César D. Castro
(opacado por el régimen castrista por la carencia de política en sus trabajos) nos
escribía especialmente comedias infantiles que además nos montaba y nosotras
íbamos a representar a distintos centros de trabajo, pero antes, el día del estreno,
se realizaba una función especial en el jardín de los Solernou, donde la audiencia de
críticos especializados estaba compuesta por Emilio, Mary y sus pequeños hijos
Mariloly y Emilito, además del penetrante perfume de aquella flor.

Cuando en mi exilio pude residir como añoraba, cerca del mar y encontré la Flor de
Cojímar, la planté en nuestra casa, porque sabía que ella alimentaría un poco mi ser
con sus semillas de optimismo y me devolvería el recuerdo fiel de aquellos días
felices, a pesar de nuestros Reyes Magos secuestrados y el desmembramiento de
las familias, lo que más nos golpeaba a esa edad.

En el verano del 2000 tuve la oportunidad de re-encontrarme con la familia
Solernou, después de treinta años sin verlos ni mantener comunicación de ningún
tipo. Fue gracias a la llegada a tierras de libertad de la amiguita de mi niñez, —hoy
toda una prestigiosa doctora— la ahijada del doctor, la que junto a su hermanita y
su familia me dieron la posibilidad de saborear ese ayer lleno de positivismo junto a
personas caritativas que nos regalaban la mejor de sus sonrisas y desde luego,
poder aspirar aquella flor.

Les recordé estos detalles y les envié como prueba una muestra de aquella Flor de
Cojímar que hoy crece en mi jardín tan lejos de la patria. Fue Mary Solernou, tan
atenta como siempre la que me sugirió que escribiera estas memorias muy
personales, que a lo mejor aburre a mis lectores, pero creo que si no les sirve de
enseñanza como mis otras Estampas de Cuba, sí muestra la fibra de ternura que
cada ser humano esconde en su corazón.

El aroma de la Flor de Cojímar me trasmite vibraciones de alegría espontánea, con
su sencillez memorizo la sociabilidad de los residentes de aquel lugar, es el consuelo
de que mi tierra y mis compatriotas están siempre presente, y saber que Dios está
ahí junto a todos, amándonos en silencio. Es descubrir el secreto de que el paraíso
es alcanzable si nos lo proponemos.

La Flor de Cojímar, aunque para muchos no tenga importancia encierra una gran
fortuna. Esa flor que quizás pueda pasar insignificante, para mí tuvo el don del
encantamiento, porque recordándola he podido conservar mi alma de niña que me
da la oportunidad de darle valor a los pequeños detalles que nos regala la vida.-

Este artículo forma parte del contenido del libro "Guanabacoa la Bella".
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Cojímar entre a esta página
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pueden encontrarla en la
página de www.guije.com
http://www.guije.com/pueblo/ah
abana/cojimar/index.htm

www.guije.com/.../2835/cojimar/i
ndex.html
La falta de guaguas hace más lejano al pueblo de Cojímar

Miguel Saludes

LA HABANA, octubre, 2004 (www.cubanet.org) - ¡¿Cojimar?! La
exclamación prolongada, con cierta nota de asombro, surge cuando una
persona conoce que su interlocutor vive en esa localidad o también si se le
propone al chofer de un auto que haga un viaje hasta ese lugar. Pareciera
que esta población habanera se encuentra ubicada en un punto agreste
de la geografía cubana. Sin embargo, el tranquilo sitio está a escasos
quince minutos del centro de la ciudad, incluso a una distancia más
próxima que la de su vecino Alamar. Pero la falta de trasporte que posibilite
la salida o entrada de sus habitantes es lo que causa la exclamación de
aquéllos que conocen de las tribulaciones por las que atraviesan los que
viven en esa zona y tienen que depender del sistema de trasporte urbano.

Cuando comencé a visitar Cojímar hace 17 años, nunca confronté
situaciones difíciles con la transportación, que en aquellos momentos era
bastante buena. Desde el paradero local salían varias rutas de ómnibus
que conectaban al pueblo costero con otros puntos importantes de la
capital. Con regularidad salía el ómnibus marcado con el número 71 y que
llegaba hasta Casablanca. Hacia Guanabacoa el viaje se hacía en la 77. A
Regla se viajaba en la 94 y al Cerro en la 65. Además de las mencionadas,
estaba la 58, que era una de las que tenía mayor cantidad de carros en
circulación. Esta ruta, después de varios cambios, terminó rindiendo su
recorrido en la Plaza José Martí o de la Revolución, como prefieran
llamarle. Finalmente fue añadido el itinerario de la 26 para conectar a los
cojimeros con el cercano Alamar.

Muchos años antes, cuando el poblado de pescadores todavía se
consideraba como tal y se apreciaba en el ambiente la atmósfera recreada
por el ingenio literario de Hemingway en la narración de las peripecias de
un viejo pescador local, existía un tren que daba constantes viajes hasta
Casablanca, además de los veteranos carros identificados con las
banderolas 58 y 71. Con la modernización vial llevada a cabo en los finales
de la década del cincuenta, que incluía la inauguración del túnel de la
Bahía, el ferrocarril desapareció y las guaguas asumieron completamente
el traslado del pasaje. Aún se pueden apreciar las huellas del trazado de
las líneas, algunos restos de ellas y la casona cercana al mar, donde aquel
vetusto tren terminaba su viaje.

Las guaguas estuvieron funcionando sin mayores problemas hasta la
hecatombe de los noventa. Esa etapa, que algunos insisten en llamar
periodo "especial", se convirtió en la debacle para el sistema de trasporte
local. El paradero fue prácticamente desmantelado y los pocos carros que
quedaron se enviaron a la unidad del reparto Bahía, también conocido
como Guiteras. Desde allí sale desde entonces la 58, que además de
prestar servicio a los residentes de la no tan pequeña comarca desde
donde sale, debe resolver el traslado de los que viven en Cojímar. A esto
hay que añadir que a la antes reducida y poco poblada localidad de
pescadores se le añadió un área poblacional que ha duplicado el número
de sus habitantes. La Villa Panamericana, aparecida cuando los juegos
regionales más antiguos del mundo y los edificios que han ido surgiendo
en diferentes partes del pueblo para dar vivienda a los que son
desplazados de zonas más densamente pobladas, como la Habana Vieja,
ha contribuido al agravamiento del problema.

Por el pueblo, además de la 58, pasan la 26, que cuando más cuenta con
dos vehículos y el aporte de la novedosa 126, que ayuda en algo. Otros
remiendos de solución fueron los taxibus (transportes de procedencia
francesa con más de veinte años de trabajo), que salían del paradero de
Cojímar, y que además de ser un recurso muy pobre terminaron siendo
retirados del lugar. Dos carros denominados 58 B (aún en peor estado que
sus compatriotas galos) a veces hacen un intento de viaje, que la mayoría
de las veces termina en la primera salida sin llegar a la meta, haciendo que
el remedio agudice el padecimiento.

Han pasado años y la gente protesta a diario. La solución no se avizora
por ninguna parte. Cada día decenas de personas amanecen en las
paradas donde permanecen hasta dos horas sin poder coger una guagua.
Muchos optan por salir a pie, pero es bastante difícil caminar todos los días
más de un kilómetro solamente para intentar coger otro medio de
transporte de los que pasan por fuera. Al final lo que ocurre es que la
aglomeración se hace mayor en esas paradas.

Sin embargo, las instalaciones del paradero no han desaparecido. Cuando
las personas hablan de la restitución de sus servicios en beneficio de la
comunidad local, reciben la respuesta de que esa solución no será posible
porque el salitre del mar afecta a los equipos. Parece que la salinidad de
nuestras costas ha aumentado sus efectos oxidantes en estos años,
aunque el mar que baña las costas es el mismo que arrullaba el sueño de
los antiguos ómnibus que pernoctaban año tras año en el patio de la
estación. Un antiguo empleado del lugar comentó que lo que hace falta es
aplicar un buen mantenimiento y el cuidado diario de los vehículos del
parque. Eso es lo que ellos hacían veinte años atrás.

Soluciones pueden haber muchas. La gente las enumera mientras
permanece estancada esperando a que pase la 58. Lo que no parece
haber es la voluntad de aplicarlas o buscarlas, por parte de aquéllos que
están al frente de esta responsabilidad. Cada jornada se torna infernal
cuando llega el momento de salir o regresar de los trabajos, escuelas o
paseos. El tiempo perdido por cada minuto pasado en una espera
infructuosa, se torna irrecuperable y es causa de profundo agobio e
irritación de los ciudadanos.

A veces se escuchan lejanas voces esperanzadoras que anuncian mejoras
que no se concretan. Rumores de proyectos que quedan en el papel. Pero
la gente cree cada vez menos en la posibilidad de que retornen aquellos
días donde los cojimeros no dependían de instalaciones alejadas de su
entorno y de una sola ruta de guagua, que a veces tiene un solo equipo
dando viajes.
BUSTO EN HONOR DE ERNEST HEMINGWAY
Al año exacto de su muerte, el 2 de julio de 1961, en la
glorieta de Cojímar fue develado un busto esculpido en
bronce, por el escultor Fernando Boada Martín, siendo
el primer busto erigido en el mundo en homenaje a
Ernest Hemingway. Los pescadores de Cojímar, sus
amigos como Gregorio Fuentes, fueron los que
recolectaron piezas de metal como propelas, cadenas
y anclas para fundir la obra.
AYÚDENOS A IDENTIFICAR ESTE LUGAR
Litografía de Cojímar, realizada por Pierre
Toussaint Frédéric Mialhe, quien nació en Francia
en 1810 y falleció en 1881. Un famoso litógrafo de
su época reconocido por sus ilustraciones de
Cuba, quien viajó por toda la Isla desde 1830 a
1836 y fue nada menos que el segundo director de
la famosa Escuela Nacional de Bellas Artes de
San Alejandro de La Habana.
Entre sus cuadros se encuentran además la
colección de litografías “Picturesque Island of
Cuba” Isla de Cuba Pintoresca 1839-42: Entrada al
puerto de La Habana, vista desde el Colegio San
Carlos; Machina & Navy Headquarters Building,
Havana; The Templete & Part of the Plaza de
Armas; The Cathedral; Fountain of La Noble
Habana across fr Campo de Marte; Entrance to the
Paseo Militar (Havana); Customs House in Havana;
Railway Station (Havana); Isabel II Promenade;
Tacon Theater (Havana);View of the New Prison.
Otra  colección o álbum de Frederic Mialhe fue
llamada “Scenic Walk”.

Fue Mialhe quien con su litografia titulada
"Guanabacoa la Bella",  universalizó esta región
capitalina con esa frase.

Muchas de sus obras se encuentran en la
"Biblioteca Nacional de Cuba" que cuenta con una
colección de 3,000 obras junto a otros autores.
Conozca este orgullo
de Cojímar y
Guanabacoa,
el Sr. Emilio Solernou
Jr., y su gran obra, el
Memorial Cubano.
PULSE AQUÍ
***Maria Argelia.... WOW con ALABAO (¿no es así como dicen en Miami?) Tremendo
escrito el de La Flor de Cojímar y con tantísimo tacto y cariño de tu parte que de verdad
me emocionó leerlo. Un millón de gracias. No sólo por tanta cosa bella que escribes
sino por el amor con que mencionas a mi familia y a mi primo precioso. Emi (Emilio
Solernou Jr.) es un hombre maravilloso, único y yo vivo muy orgullosa de ser su prima.
Es un ser excepcional. Te tengo unas fotos preciosas de Cojímar. Dime si te
interesan. Una de ellas, bajo esa misma glorieta un Día de los Padres, creo que antes
de yo nacer, mi abuelo Solernou y sus cuatro hijos varones. Entre ellos mi padre, y mis
tíos Isidoro, Emilio y Rafael (Felo). Yo pasé muchos veranos en Cojímar. Para mi es un
sitio casi sagrado y fue el primer lugar a donde fui apenas me bajé del avión al llegar a
Cuba después de 32 años fuera de la isla. El muro del malecón se ha caído a
pedazos, las construcciones también, la casa donde pasé tantos veranos ya no existe,
el muelle tampoco, y el castillo queda ahí, pero malamente en pie... aún así, ese mar
tan precioso que disfruté por muchos veranos en mi niñez, sigue siendo del mismo
color azul intenso, y el sol sigue calentando ese pedacito de paraíso tan querido y
recordado. Allí trabajaba mi tío Emilio (Dr. Solernou) en la Casa de Socorros, también
el Dr Fonseca, su gran amigo. Mi hermano y yo íbamos a nadar al “Claro de Luna” y
hoy en día me pregunto de donde sacamos valor para tirarnos desde aquel muro tan
alto desde el cual nos tirábamos habiendo abajo tanto arrecife... mi pobre tía se
tapaba los ojos para no vernos caer... que tiempos de inocencia y a la vez de felicidad
familiar. El gran premio era abuela quitándonos las espinas de los erizos de la planta
del pie. El primo que más espinas tenía ganaba ese día.... y nos compraban paleticas
de helado de mamey Guarina que traía el heladero empujando la nevera en ruedas
con campanitas... ¿Lo recuerdas?
Bueno ya fuimos a Cojímar de nuevo, mentalmente. Me despido.
Gracias de nuevo.
Tere Solernou
Identificada por Jesús Nuñez García: Ese es un edificio emblemático de la entrada de Cojímar. Se trata del Preventorio de Cojímar (sic). Antes
de la mafia comunista ese preventorio era una institución de bien público, por no decir de Caridad. Tenían acceso los niños pobres y allí
recibían aprendizaje de un oficio y alimentos. Algo parecido a lo que hacían los padres Salesianos en su colegio de Potosí y Delicias. Lo que no
sé es si ese Preventorio era regentado por religiosos o por laicos. Nosotros conocimos a un chico muy pobre que allá por 1957 estaba en el
Preventorio. Seguro que en Miami hay compatriotas que puedan darte mayor riqueza de información a este respecto.

MAS DATOS DE IMPORTANCIA ENVIADOS POR PEPITO GREGORICH
***María Argelia: Primero que todo, un saludo y un abrazo. Estuve investigando sobre ese edificio, y esto es lo que averigüé: El 10 de marzo de
1907 se inaugura el suntuoso “Hotel Campoamor” con la asistencia de Doña Carmen Zayas Bazán, viuda de Jose Martí y su hijo el Capitán
José Francisco Martí Zayas Bazán entre otras personalidades. En este hotel se hablaban cuatro (4) idiomas, y fue el lugar preferido por las
personas “pudientes” para pasar la ‘Luna de Miel’.  El día 1ro. de julio de 1916, el hermoso “Hotel Campoamor” se convierte en el Centro
Médico-educativo "PREVENTORIO ANTITUBERCULOSO JOSE MARTI”. Dios quiera que estos datos sirvan para algo, sobre todo a los “Pinos
Nuevos”  Hasta la próxima,
Pepito Gregorisch
e-mail
mariaargelia@hotmail.com