ESTAMPAS DE CUBA POR MARIA ARGELIA VIZCAINO
Historia de la Cocina Moderna Cubana
La cocina moderna de Cuba ha evolucionado de acuerdo al proceso político que le ha tocado vivir. Contrario a la base de la
cocina tradicional, que tuvo gran influencia en los componentes étnicos de nuestro pueblo, la cocina actual carece del aporte
formativo de sus habitantes. El sistema alimenticio se transformó debido a la inepta dirección del gobierno totalitario, a la mala
planificación del mismo, al terrible manejo de la agricultura y a la forma represiva de controlarlo todo.

El 12 de marzo de 1962 se implantó la llamada «
Libreta de Abastecimiento», desde entonces ha ido decreciendo, tanto la
cantidad normada como los productos, que en su mayoría desaparecieron por siempre. El propio tirano Castro anunció «La
Junta Nacional de Abastecimiento» como medida «provisional y transitoria» creando la OFICODA (Oficinas para el Control de
Abastecimiento) quedando establecido un lugar fijo donde cada familia iría con su libreta a comprar la cuota que le asignen,
cada año más deficiente, pésimamente distribuida y de peor calidad. Con esta medida no sólo el ciudadano se ve obligado a
disminuir su alimentación sino también a comprar donde el gobierno disponga, en la fecha que determine.

Según el profesor
Juan Clark en su excelente trabajo titulado «El pueblo cubano como consumidor» para el Cuban Center
for Cultural Social & Strategic Studies, Inc. «
esta medida tuvo sus raíces en el desabastecimiento creado al extinguirse las
reservas de productos tras las confiscaciones de los grandes almacenes, acompañado por el incremento en el poder de
compra de la población
». Yo estoy más de acuerdo con lo segundo planteado: «...al no incrementarse debidamente la
producción, particularmente la agrícola, como resultado de la mala administración
». Y le agrego que la impusieron además por
la mala entraña de los dirigentes comunistas, porque todavía no entiendo cómo es que a ellos nunca se les controló,
igualmente a sus amigos extranjeros, y no carecieron, ni han recibido la misma ración que el sufrido pueblo.

A lo insuficiente que se le da a la población se ha estado culpando al «bloqueo americano» que en realidad es un embargo
económico que ha permitido que el castrismo comercie con quien quiera, a excepción de Estados Unidos, aunque si le paga en
efectivo puede comprar alimentos y medicinas. Esta teoría es imposible de creer, ya que viviendo en un mismo país
supuestamente «bloqueado», hay una minoría que no padece de estrechez alimenticia y de ningún tipo.

En las primeras dos décadas de dominio férreo castrista, no se permitían ni los Mercados Libre Campesino, ni a los llamados
Cuentapropistas vender por su cuenta, y el dólar estaba penalizado, tampoco llegaban remesas de familiares exiliados, por lo
que había que ingeniárselas para comer con lo poco que asignaban, así nació el mercado negro y se institucionalizó el robo
como nunca antes visto y las crías caseras de pollos, patos, conejos, para sobrellevar la poca cuota de carne, que todavía se
podía comprar 3/4 de libra por persona cada 10 días, en La Habana, y 1/4 de libra en el interior, que se dividía entre una
mínima parte de carne de primera y falda o jarrete que era carne de segunda, sin limpiar la grasa.

A la Sra. Nitza Villapol Andiarenas, creadora del programa Cocina al Minuto que comenzó en la TV de Cuba el 3 de julio de
1951, y se mantuvo por casi cuarenta años, se le debe el nacimiento de gran parte de los nuevos platillos. Gracias a su
creatividad constante, el pueblo cubano lograba algunas veces mejorar el menú que le tocaba cocinar. Nitza fue una genuina
inventora que nos enseñó a preparar aquellas pequeñas merluzas que vendían congeladas y sin limpiar, igualmente las
macarelas y la tilapia, pescados que sustituyeron los preferidos serruchos, pargos, agujas y chernas que la gran Flota
Pesquera de Cuba Socialista sólo pescaba para exportar y para uso de la elite gobernante. También puso de moda el Puré
San Germán, porque la única legumbre que vendieron por años por la libreta eran chícharos amarillos y partidos. Cuando la
grasa, ya racionada, no la surtían en la fecha indicada, nos mostró el secreto de los Huevos Escalfados, que es freírlos con
agua. Y cuando mermó la producción nacional de arroz y el gobierno comunista chino no quiso suplir la cuota, aprendimos con
Nitza a sustituir el arroz por fideos, que junto al caldo de chícharo se volvía una pasta poco apetecible. Todo esto sucedió en
tiempos que el bloque soviético enviaba a Castro suficientes divisas para sus experimentos guerrilleros y terroristas por el
mundo.

A finales de la década de 1980 a falta de los ingredientes para un típico Ajiaco Criollo, salió a relucir la Caldosa de la Tunas
iniciativa de Kike y Marina que recibió gran publicidad televisiva, y desde entonces a cualquier yerba hervida, aunque sean
silvestres, se le llamó Caldosa o Ajiaco, así no contuvieran la proteína tradicional, porque la Caldosa «se hace con cualquier
cosa»,  como salió publicado en la revista Vitral No. 14 del 8 de julio de 1996 con el título de «Cultura: ¿Ajiaco o Caldosa?».

En la era de soya, después de 1990, fue cuando Nitza necesitó mostrar su extraordinaria brillantez como la mejor maestra de
arte culinario de todos los tiempos en el ámbito mundial, ya que al público le urgía saber cocinar la mal oliente «masa cárnica»
que sustituyó totalmente la cuota de carne de res.

Como ha señalado el profesor Juan Clark, la libreta impuesta por el castrismo ofrecía menos que la dieta mandatoria que los
colonialistas daban a sus esclavos como dieta diaria que en el artículo 6 del Reglamento de 1842 regulaba «seis u ocho
plátanos o su equivalente en buniatos, ñames, yucas y otras raíces alimenticias (equivalente a 64 onzas diarias versus ocho
onzas en la cuota de 1962, que fue rebajada posteriormente); ocho onzas de carne o bacalao (versus la sustitución de la carne
en el racionamiento por dudosos productos como el picadillo de soya y la pasta de oca en la actual libreta, siendo el pescado
también racionado) y cuatro onzas de arroz (versus 2.6 onzas que deben obtenerse por la libreta) y otra menestra o harina».


«Es hora de que los dientes sirvan algo más que para sonreír, si es que alguien tiene deseos de sonreír con las tripas
chillando». MANUEL VAZQUEZ PORTAL («Hay guateque en el bohío», mayo, 2000, CubaNet)


Desde que empezó en 1962 la libreta de abastecimiento, llamada por algunos de «racionamiento» o «desabastecimiento», la
odisea para que la población se alimente adecuadamente no ha tenido mejoría, ya que la cuota asignada cada año merma más
y es de la más ínfima calidad.

Las excusas sobran para los desvergonzados dirigentes que están tan acostumbrados a mentir, por eso las inclemencias del
tiempo fueron y son sus mejores aliadas, como el memorable ciclón Flora, que tanto daño causó a la provincia de Oriente el 3
de octubre de 1963, (coincidiendo con el día que el gobierno de Castro promulgaba la segunda Ley de Reforma Agraria), y que
sirvió como pretexto para racionar el café, justificando que fue por el azote del huracán a los cafetales orientales.

Siendo Cuba, desde los tiempos republicanos una potencia azucarera mundialmente reconocida, también recortaron la ración
ya poca de este primer producto de exportación. Es que Castro le parecía mucho lo que nos daba, así que en 1971 hizo el
compromiso públicamente, y sin contar con los afectados, de que el pueblo cubano donaba 1 libra de su cuota de azúcar (ya
limitada) para el pueblo chileno, que seguía los pasos acelerados del castrismo, bajo el gobierno de Salvador Allende.
Posteriormente, en tiempos Sandinistas se hicieron otras donaciones para el pueblo nicaragüense, porque es muy fácil donar
lo que no nos pertenece y no nos perjudica personalmente.

Desde entonces, con excusas o sin ellas se sigue racionando casi todo, como lo comprobamos por lo publicado en Cuba Net
por el periodista independiente Oscar Espinosa Chepe, titulado «Azúcar de Brasil para la venta racionada», del 1ro. de
noviembre del 2001, en el que reporta que «a partir de septiembre (2001) la cuota mensual de azúcar sin refinar se redujo en
una libra (era de 3 libras al mes, y 3 refinada), según se informó oficialmente, para sustituirla por ocho onzas (1/4 de litro) de
aceite comestible, lo que no resultó una entrega extra de aceite». Es que la grasa, de cualquier tipo, no se estaba
distribuyendo desde hacía meses como supuestamente estaba estipulado. Lo más cínico de este caso es que el parte oficial
decía que era «para mejorar el estado nutricional de la población» que para ellos están consumiendo mucha azúcar y es
conveniente aumentarles los niveles de grasas en la dieta; pero eso no lo vieron antes de 1992 que ocurrió la trágica epidemia
de neuropatías debido al desbalance alimenticio de la población por la falta de grasas y proteínas.

A pesar de tanto control, planificación, y la represión, y hasta donde sé, en nuestro humillado país no ha habido una falta total
de alimentos como se vio en Etiopía comunista, a principios de la década de 1980, sin embargo en el boletín «Cuba: Facetas
Sociales» elaborado por el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna en noviembre, 2000, firmado por Félix Antonio Bonne
Carcassés, René Jesús Gómez Manzano y Martha Beatriz Roque Cabello (tres de los autores de «La Patria es de todos»),
podemos leer: «Si bien la falta de alimento de forma total produce hambre, también lo hace la mala alimentación, el acceso a
cantidades mínimas de alimentos o la falta de variedad de estos y lo que es peor, impide el normal desarrollo de las funciones
vitales».

Lo más grave es que en el ámbito mundial la publicidad a favor del régimen habla de las maravillas del sistema de salud y
educacional gratuito, verdaderos logros que Cuba ya poseía antes de Castro, sin segregar a los naturales que no son de la
elite gobernante como hacen bajo su régimen; en esos reportes propagandísticos no dicen que los niños cubanos de ahora
sufren de faltas nutricionales «lo que pone en riesgo su crecimiento y el desarrollo de su inteligencia». Agregando en tan
documentado boletín: «No es necesario ni siquiera hacer un estudio sobre ello, se puede apreciar a simple vista como la talla
de los niños de esta última generación ha disminuido». Esto lo vi en persona en 1999, cuando un pequeño recién llegado a
Estados Unidos de 2 años de edad llamado Alejandro, sin tener genes de personas muy pequeñas, le llegaba al cuello de mi
nieto de la misma edad y tamaño normal.

No es para menos, si desde el año 1962, que yo cumplí los siete años, todos los niños que arribaban a esa edad, dejamos de
recibir la cuota mensual que nos tocaba de un litro de leche de vaca diario, y no todos los padres podían comprar por bolsa
negra la leche que necesitábamos tomar, ni derivados de la leche, ni sustitutos, sin contar otros alimentos básicos como
verduras y carne de res, pollo y pescados.

La cocina cubana ha variado según la fórmula que el gobierno totalitario adoptara para imponerse, así antes de 1980
aprendimos a comer arroz con carne rusa o china de lata, que veíamos como una especie de arroz sucio que daban en los
albergues de becados, escuelas al campo, comedores obreros, semi-internado, círculos infantiles, servicio militar obligatorio y
prisiones, llenos de gusanos y gorgojos que el pueblo le llamaban irónicamente «proteínas». Eso se conoció posteriormente
como «Arroz con suerte», por si tenías la suerte de encontrar algo más que arroz y los animalillos de siempre. En otra
temporada nos vendían unas latas de coles y ajíes rellenos que venían de los países del bloque socialista, igual unas latas de
span, y unas compotas de frutas tan ácidas que sólo se podían tomar como jugos poniéndoles azúcar y agua. Era la misma
época de aquel «Pan con ná» que fue sustituido por el «Pan con truco», que ambos consistían en engañar al estómago.

Los jóvenes que están viviendo los años del Período Especial desde que cayó el comunismo internacional, no lo saben, y los
más viejos casi no recuerdan lo que se pasó en aquellos años, antes de que legalizaran los viajes de los exiliados cubanos
(1978-79) para palear el hambre de sus seres queridos, pero desde hace décadas comenzó ese descalabro alimenticio que
acabó con la cocina típica cubana y ha revolucionado la mesa de nuestras familias que tratan de subsistir enfrentándose a la
difícil situación de poder comer cada día.


«Los que conocen en profundidad este contexto alimentario, impuesto hace décadas por el gobierno, comprenden fácilmente
por qué el pueblo de Cuba no piensa en otro asunto que en comer». CLAUDIA MARQUEZ LINARES, Grupo Decoro («El día
que viene la carne», 30 de julio, 2001)


A excepción del Profesor Juan Clark no sé si otros ya han realizado un estudio profundo sobre la cocina actual de nuestro país,
pero si alguien decidiera hacerlo en unos años, con seguridad tendrá tantas dificultades como ha sufrido el pueblo cubano
tratando de alimentarse. Es que la mayoría de los escrutinios históricos se realizan buscando como fuente los medios de
comunicación de la época que se analizará, así que el que pretenda en un futuro escribir la historia de la cocina del régimen
totalitario (y muchas cosas más) ateniéndose a lo que reflejó la prensa de sus días, sólo logrará una reseña breve y hasta
errónea, porque en un país represivo, donde el gobierno todo lo controla estrictamente, sólo se publican los temas que ellos
creen los pueda favorecer, así que con grandes excepciones se ha traspasado información que los perjudique.

Por eso les recomiendo a los interesados que empiecen ya a entrevistar a los pocos que vamos quedando vivos que fuimos
testigos de esa otra barbarie del castrismo, para que puedan enterarse de los inicios, porque de lo ocurrido últimamente
gracias a Dios tenemos constancia por la valentía de los periodistas independientes y por las organizaciones del exilio que los
apoyan y publican en internet. De estos casos les traigo algunos breves ejemplos que CubaNet contiene en sus páginas, que
podrían usar para documentarse.

* 20 de junio de 1996,  «En paz descansen, gastronómicos» Miguel Fernández Martínez:  «Vimos con la conciencia entre los
dientes y la cola entre las piernas a vieneses y parisinos, a romanos y lusitanos, madrileños y londinenses, consumir ante
nuestra mirada hambrienta flamantes bocadillos de jamón y heladas Cocacolas, mientras nuestros niños lloraban por limosnear
un sorbo del imperial refresco».

*Octubre, 1998, reporta Haydée Rodríguez, Agencia de Prensa Libre Oriental: «Desde el 15 de agosto en que se vendió por la
libreta de racionamiento una libra de pescado merluza no se ha vuelto a distribuir más. Hace dos meses que no se vende la
cuota planificada de pescado a enfermos, por dieta médica, como se hacía regularmente a razón de seis libras mensuales».

* Abril, 1999, «¡Ay huevito de mi vida», Claudia Márquez Linares: «Definitivamente ya no comemos carne ni legal ni ilegalmente.
Así que, como dice el refrán, vamos a seguir acostumbrándonos al huevo».

* 27 de julio, 1999, «La miel de abejas, un alimento casi desaparecido», Reinaldo Cosano Alén, presidente de la Coalición
Democrática Cubana: «Un alimento casi desaparecido en Cuba es la miel de abejas, pocas veces recordada, no obstante su
alta significación como alimentos y medicina natural (...) Hoy es casi imposible adquirir la miel de abejas, casabe, peces,
mariscos, y otras muchas frutas y frutos del país. Han desaparecido casi absolutamente de la dieta del cubano común. Hasta tal
punto ha llegado el desastre ecológico, y el mal manejo de la economía del país».

* Febrero, 2000, «Recetas de cocina», Lucas Garve:  «Hoy no sabemos comer ni nada tiene que ver con la buena mesa de los
abuelos, porque en la actualidad, los productos están en la shopping y no son más que enlatados de incierta calidad».

* Noviembre, 2000, «Cuba: Facetas Sociales», GRUPO DE TRABAJO DE LA DISIDENCIA INTERNA: «A pesar de todas estas
dificultades, el Gobierno no permite que Organizaciones no Gubernamentales e incluso la Iglesia distribuyan alimentos
directamente a las personas carentes de lo necesario».

* 17 de diciembre, 2000, «Regresa el Jurel a la mesa de los cubanos a razón de una libra percápita», José Antonio Fornaris,
Cuba-Verdad:  «En la plataforma insular de Cuba existen variadas especies de peces y mariscos, pero hace muchos años que
se le impide al pueblo su consumo. El gobierno de la isla hizo de estos productos un renglón exportable y sólo pueden acceder
a ellos los turistas extranjeros en los hoteles dolarizados y los funcionarios y otros privilegiados del partido Comunista».

* Diciembre, 2000,  «Filas para comprar hamburguesas y cacería de gatos», Juan Padrón Camejo, Unión Sindical Cristiana:  «El
hambre es tal en nuestro país que no hay que asombrarse si en la noche se ve a personas con sacos y jaulas, porque éstos
son cazadores nocturnos de gatos. Sí, como le digo, el cubano incorporó a su dieta al gato para suplir la prolongada ausencia
de carne de res».

* 8 de noviembre, 2001,  «Protestan habaneros por irregularidades en la venta de la cuota de alimentos», Fara Armenteros,
UPECI: «El huracán Michelle es la justificación que necesitaba el gobierno para aumentar los cortes en los servicios de
electricidad y de agua, para racionar más todavía el keroseno con que prendemos nuestros fogones y para no venderle
alimentos al pueblo».

* 26 de noviembre, 2001, «Hambre al por mayor», Caridad Cristina Alvarez, Grupo Decoro: «Los cubanos estamos
desposeídos. Tenemos hambre de comida, hambre de justicia, hambre de libertad. Estamos llenos, de sí, pero de mentiras, de
violaciones, de irrespeto a nuestra dignidad (...) Por suerte hay cubanos que se fueron, y las remesas llegan. Por desgracia,
otros y otras se prostituyen, pero pueden comer. Los menos se agarran a las firmas extranjeras como la hiedra a la pared.
Pero la mayoría, simplemente, se muere de hambre».

* 29 de noviembre, 2001  «Sin cuota de huevos los residentes de Aguada de Pasajeros», Amarilys Cortina Rey, Cuba Verdad:  
«No se sabe por qué a los habitantes de la Ciudad de La Habana y de Santiago de Cuba se les vende seis huevos per cápita
al mes, mientras que a los cubanos de otras regiones del país solo tres huevos en igual período de tiempo».

La cocina del pueblo cubano ha cambiado tanto en este período «rovolucionario» que bien merece un estudio serio y objetivo,
para dejar claro cuáles han sido los verdaderos logros de Fidel Castro que cada día brinda menos cantidad y calidad de
productos alimenticios, proporciona además una instrucción selectiva a un alto costo que no se mide en moneda sólida, y no ha
podido asegurar un sistema de salud adecuado y equitativo. Esta triste realidad se ha estado ocultando al mundo por más de
cuatro décadas en complicidad principalmente con los intelectuales de izquierda y medios de difusión liberales.-
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