El Ajiaco Criollo
El plato más representativo
de la cocina cubana
Por María Argelia Vizcaíno
www.mariaargeliavizcaino.com

En 1570, se comía en Cuba mucho maíz
guisado en distintas formas, acompañado
del casabe que era más asequible que el
pan, por la falta de trigo. Entre los platos
que se veía frecuentemente en las mesas
de entonces, encontramos el Ajiaco,
versión americana de la olla española,
surgida con seguridad por la falta de los
ingredientes europeos y tener que utilizar
necesariamente los del país.

La receta de Doña Dolores Gómez de
Dumois (la primera mujer en
Hispanoamérica en hacer cocina en
televisión) nos dice que contaba entre los
ingredientes principales con yuca,
plátanos verdes y pintones, cebolla, ajíes,
ajos, tomates, comino, sal, limón, ñame,
malanga blanca y amarilla, boniato,
calabaza, desde luego el maíz tierno y lo
fundamental, las tres clases de carne:
tasajo, falda de res y costillitas de cerdo.

Nos relata
Octavio R. Costa en «Imagen
y Trayectoria del Cubano en su Historia»,
Tomo I, que la Condesa de Merlin
observó en 1840 la preferencia que había
por los platos sencillos y entre ellos los
nativos como el Ajiaco, que se servía
hasta en los palacios. «Miguel Aldama lo
sirvió en el banquete ofrecido a José
Antonio Saco.»

Después de esta fecha, en 1856 se
publicó el «Manual del Cocinero Cubano»
que gracias a estar recogido en la
Enciclopedia de Cuba editada por el
esfuerzo del exilio en 1976, pudimos leer
que este plato solía nombrarse «Ajiaco de
Monte» y desde entonces contaba con
las tres clases de carnes, aunque por no
ser tan popular todavía la forma de
refrigerarlas, solía ser tasajo de carne de
res bien desalado, tasajo de cerdo
ahumado y pollo o gallina frescos, que
además de los ingredientes de la receta
conocida de Doña Dolores, cuenta con
chayote. En la misma enciclopedia
encontré tres recetas de este guiso tan
cubano: el ajiaco bayamés, el de
Cárdenas y el ajiaco de Puerto Príncipe,
con algunas variantes en la
condimentación ya sea por el uso del
perejil o el culantro. El más parecido de
todos incluyendo el de Monte, con el que
se conoció posteriormente en el siglo XX
es el bayamés.

En un diccionario editado en Cuba
aparecía la definición de Ajiaco como:
«Especie de sopa o puchero tradicional
cubano confeccionado a base de carne y
magro de cerdo y las más diversas
viandas (tubérculos fundamentalmente)
que forman parte de la dieta criolla. Por
extensión se llama ajiaco a todo resultado
de la mezcla de diferentes componentes.»
De ahí que se le diga así en Cuba al
popurrí musical.

Por supuesto que consulté el «Diccionario
de Cubanismos más usuales» de Pepito
Sánchez-Boudy, porque sin éste, no
podría mi investigación estar completa. El
tiene varias acepciones, como es
sinónimo de confusión, lío y hasta nos
habla del «Ajiaco Conspirativo» que
consiste en una conspiración destinada al
fracaso, porque nadie sabe lo que hace.

Una explicación más extensa y hasta
poética la ofreció Don Fernando Ortiz,
ese gran maestro de la cultura de Cuba,
en una revista cubana de 1940, bajo el
título de «Los factores humanos de la
cubanidad»: «Cuba es un ajiaco(...) La
imagen del ajiaco criollo nos simboliza
bien la formación del pueblo cubano.
Sigamos la metáfora. Ante todo una
cazuela abierta. Esa es Cuba, la isla, la
olla puesta al fuego de los trópicos...
Cazuela singular la de nuestra tierra,
como la de nuestro ajiaco, que ha de ser
de barro y muy abierta. Luego, fuego de
llama ardiente, y fuego de ascua y lento,
para dividir en dos la cocedura... Y ahí
van las sustancias de los más diversos
géneros y procedencias. La indiada nos
dio el maíz, la papa, la malanga, el
boniato, la yuca, el ají que lo condimenta
y el blanco xaoxao del casabe... Los
castellanos desecharon esas carnes
indias y pusieron las suyas. Ellos trajeron,
con sus calabazas y nabos, las carnes
frescas de res, los tasajos, las cecinas y
el lacón... Con los blancos de Europa
llegaron los negros de Africa y éstos nos
aportaron guineas, plátanos, ñames y su
técnica cocinera. Y luego los asiáticos,
con sus misteriosas especies de
Oriente... Con todo ello se ha hecho
nuestro ajiaco... Mestizaje de cocinas,
mestizaje de razas, mestizaje de culturas.
caldo denso de civilización que borbollea
en el fogón del Caribe.» Con esto
deducimos que la forma de cocinar el
Ajiaco nos la enseñaron los negros
esclavos con «su técnica cocinera.»

El ajiaco es considerado el plato más
cubano, tal es así que dicen que en 1926
el presidente Gerardo Machado, tratando
de promover al nacionalismo pidió al
pueblo que los lunes consumieran
productos del país, en lugar de los
extranjeros, por eso se instituyó en
nuestros hogares ese día para comer
ajiaco, porque está compuesto por
productos naturales de nuestra pródiga
tierra.

En Cuba, después de la caída del bloque
comunista, a principio de la década de
1990, que implantaron un “Período
Especial” por la escasez alimenticia tan
crítica que se le impuso al pueblo, se
puso de moda una especie de ajiaco, que
por la falta de ingredientes originales
(casi todos) se le llamó “Caldosa”. (Más
sobre la Caldosa lea en esta misma
página "
Historia de la cocina moderna
cubana").

En el exilio al ajiaco criollo lo confunden
con el sancocho puertorriqueño, le pasa
lo mismo que a nuestros ritmos populares
que le llaman Salsa y dicen que no son
cubanos. Esto no debe sorprendernos
más, lo que sí no debemos permitir, —
conociendo nosotros el verdadero
origen— a nuestros propios compatriotas,
que repitan estas cosas absurdas,
porque cuando un hermano tiene este
«ajiaco» (confusión) se lo debemos
aclarar, para defender nuestro patrimonio
nacional, nuestros logros, nuestra cultura,
que es defender también a nuestra patria.
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Cultura y Tradiciones Cubanas
SOS: La cocina cubana
agoniza

Por María Argelia Vizcaíno
www.mariaargeliavizcaino.com

Desde hace varios años, más de una
década, he venido escribiendo sobre el
peligro de la pérdida de nuestras
tradiciones culinarias. Hoy es un hecho
casi inevitable, si no se toman
esfuerzos rápidos y conscientes de
todos los cubanos unidos.

Les contaba en uno de mis artículos,
que a finales de la década de 1980 y
principio de 1990, a falta de los
ingredientes para un típico
Ajiaco
Criollo
, salió a relucir en nuestro
empobrecido país la
Caldosa de las
Tunas, que recibió gran publicidad por
la TV controlada, y desde entonces a
cualquier yerba hervida, aunque sean
silvestres, se le llamó Caldosa o Ajiaco,
pero la Caldosa
«se hace con cualquier
cosa»
, y nunca será igual a nuestro
Ajiaco Criollo, que es el plato más
representativo de la cocina cubana.
Pueden leer copiando http://www.
mariaargeliavizcaino.com/c-Ajiaco.html ,
en la misma página publicamos una
colaboración del destacado periodista
José Luis Fernández, de La Voz de
Cuba Libre, que tiene relación ya que
como su título indica “Cuba: El único
país del mundo donde no se puede
comer su comida típica”.

También he escrito sobre
“Recetas
modernas de la cocina cubana”
,
esas cosas tan espantosas e increíbles
como son: Croquetas de huesos de
pollo; Albóndigas de productos
cárnicos; Picadillo de cáscara de
plátanos; Bisté empanizado de hollejo
de toronja. Pero hay otras gandofias
como la ensalada de verdolaga;  el
picadillo que le llaman «extendido» o
«enriquecido» con soya; el picadillo de
«gofio»; el picadillo de Oca (ganso) que
a veces se lo venden como pasta; el
«Fricandel» hecho con extrañas
sustancias molidas (huesos cartílagos,
etc.) que en realidad la población no ha
podido definir qué cosa es. Estos
inventos son de cuando el llamado
“período especial”, principio de la
década de 1990, pero antes sufrimos la
“ofensiva revolucionaria” en 1967-68,
sin poder recibir las remesas de
familiares en el exterior que ayudaran
un poco nuestras necesidades, y ahí
conocimos los huevos escalfados; el
arroz con suerte (si te toca algo); las
croquetas miracielo (que se pegan al
cielo de la boca);  el chicharrón de
macarrones; el dulce de cáscara de
naranja de china; etc.

Es lógico que si no existían los
ingredientes naturales no se pudieran
elaborar nuestra comida habitual y la
población tuviera que inventar con lo
que encontraran, pero lo más triste y
frustrante es que especialmente en
Miami, en la no por gusto llamada
Séptima Provincia o Capital del Exilio
donde existe libertad, no se degusten
todos los variados platos característicos
de nuestra mesa.

En mis primeras vacaciones al condado
Dade en 1983, fuimos entusiasmados a
La Pequeña Habana, y ahí descubrí
que casi no se conocían los platos
típicos de nuestro país, ni siquiera se
vendían fritas, ni discos voladores y el
sandwich Elena Ruz, lo escribían mal y
lo preparaban peor, para colmo se ha
generalizado confundir el Congrís con
el Moros con Cristianos, y el Congrís se
hace con frijol colorado y se diferencia
del Moros con Cristianos en que este
último es con frijol negro. El Congrís se
originó en la provincia de Oriente, por
la manera de guisar de los esclavos
haitianos para sus amos franceses
cuando emigraron a esta región. La
etimología de congrís  viene de ‘congo’
como le decían al frijol colorado, y de
‘du riz’, que es arroz en francés.
Muchas personas creen que debe ser
al revés, porque el que pinta gris al
arroz es el frijol negro.

Con los años, cada día hay menos
testigos que vivieron en la Cuba de
ayer (antes de 1959), y entre los que
se han americanizado y los que
continúan llegando conociendo solo de
escasez y de hambre junto a los
latinoamericanos, que tampoco saben
del arte de sazonar de la mayor de las
Antillas, este problema se ha
agudizado. Cualquiera, sin asesorarse
al respecto pone un negocio de cocina
cubana y se cree que está todo bien
con vender el “seguimiento”, como si
arroz con frijoles negros fuera lo único
que comíamos, para colmo,
condimentado con ingredientes que
nunca ha llevado, como culantro (que
es de hoja larga), cilantro (que es el de
hoja pequeña) apasote y otras yerbas.
Es que en Cuba socialista al faltar las
sazones típicas se acostumbraron al
sabor del culantro para todo, ya que
crece silvestre en cualquier jardín de
una casa.

Muy pocos en la actualidad están
conscientes de las verdaderas
tradiciones cubanas, por eso en
muchos menú que dicen representar
nuestra isla aparece el “churrasco”, y
no es correcto que hagamos lo mismo
que otros países hacen adueñándose
de los logros de Cuba, sabiendo que el
churrasco es típico de los gauchos
argentinos, lo mismo le dicen
“milanesa” a lo que siempre llamamos
bisté empanizado. Igualmente el
mofongo de Puerto Rico y el Mangú de
República Dominicana no se puede
confundir con el
Matajíbaro de
Camagüey ni el
Fufú de La Habana.
¿Quién come en la actualidad por
ejemplo:
Cerence de Oriente;
Salpicón camagüeyano; Frangollo de
Bejucal;
Polvorones matanceros;
Salsa de Perro de Caibarién;
Cafiroleta; Cusubé; Catibía; Tortilla
de Regalo; Sangre Quemada;
Quimbombó a la criolla
; el habanero
Brazo Gitano de Yuca; o Migas de
Gato
tan popular entre nuestros
mambises? Casi ningún cubano.

Me contaba la amiga y prestigiosa
abogada de inmigración
Laura María
Pruna
“apasionada al sazón y culinaria
cubana” que viviendo en Miami, está
“casi huérfana", ya que en hogares a
donde la invitan a comer y
"en
restaurantes de supuesto 'goodwill', se
te cae la quijada, ya que sus platos
criollos, no sirven para nada.”
Y me
pone de ejemplo distintos lugares de
relativa fama donde el congrís
“parecía
más a un gallo pinto nicaragüense”

descolorido y el arroz sin desgranar; un
bisté de res empanizado que el
empanizado se despega de la carne y
se hace viruta; el tostón está refrito y
empapado en grasa; por una orden de
boliche le dieron una tajada que
parecía una
“hostia de carne hervida y
sin sabor”.
Me menciona unos lugares
de mucho renombre que se come como
en
“una cafetería universitaria” pues “no
hay consistencia de calidad y menos
abundancia”.

Algunas amistades le contestaron que
no se preocupara del resultado del
plato, sino de la higiene del
restaurante, tanto en la cocina como en
los baños. Buen punto, pero pueden ir
todos de la mano, no hay necesidad de
aguantar mala comida por tener un
lugar aseado, y viceversa. Otra amiga
de Washington, DC, le dice que no se
queje que allá arriba solo hay cuatro

“restaurantes que no sirven para nada”
.
Pero es que da la casualidad que Miami
es grande gracias a los cubanos
exiliados, que Miami habla español por
esa inmigración masiva de los nuestros
hacia este lugar, ¿por qué soportar que
no pululen restaurantes que sirvan
nuestro inconfundible estilo con
variedad y calidad si el voto cubano ha
logrado hasta influenciar en las
elecciones de esta gran nación?
Parece que importa más la política que
nuestra cultura cuando una es
consecuencia de la otra y van las dos
de la mano.

Le contesto a mi respetada abogada
entre otras cosas que a
la comida de
nuestra nación le ha pasado lo
mismo que a nuestros artistas
exiliados: son desconocidos en
Cuba y en Miami,
por eso me inspiró
este artículo para hacer un llamado de
auxilio a todos los cubanos de aquí, de
allá o de acullá, para que unidos
tratemos de proteger aunque sea la
cocina tradicional y un poco a nuestros
artistas. Yo sé que hay muchas cosas
que salvar, pero por algo hay que
empezar.
Un país que pierde su
cultura no podrá nunca encontrar
el camino de la libertad
, porque
quien no ama lo suyo, no lo defiende,
por eso el sistema totalitarista ha
buscado la forma de crear el despego a
la patria confundiendo los símbolos
nacionales y a  los verdaderos héroes,
y en su nombre reprimen al pueblo
haciendo creer que la única solución
sea emigrar en busca de libertad, para
poder tener la oportunidad de mejorar,
sin que tratemos lo contrario, que se
vayan del país los únicos que la
destruyen.

Los que salieron sin dañarse el sentido
patriótico son los que mejores han
mantenido la cubanía, los otros,
lamentablemente hacen un clichés
entre chusmería y un culto a Mogollón
con Scarface, que dan lástima, sin
contar otros que se pierden entre el
‘spanglish’ y las frivolidades de la
sociedad de consumo, presumiendo de
tradiciones que desconocen, y como se
creen que saben, no investigan para
tratar de aprenderlas.

Pienso que los artistas, que son
nuestros mejores embajadores
culturales debían ser los primeros que
se nos unan para tratar de conservar
esta cocina que agoniza antes de que
sea muy tarde, porque
ellos mejor
que nadie saben lo que representa
ser ignorado en nuestro país y en
la capital del exilio.
Juntos podríamos
hacer una obra de caridad y quien
quita que salvando el arte culinario
cubano, se popularicen también todos
los profesionales del espectáculo que
están bloqueados, y muy pronto
regresemos a la Cuba libre que tanto
añoramos, para volver a ser un país
reconocido en el mundo por su música,
baile, azúcar y sabor.


Profesionales del espectáculos y
medios de comunicación que
deseen colaborar conmigo,
envíenos el nombre de su receta
favorita cubana escribiéndome a
mariaargelia@hotmail.com.
EN esta página:
1.- Cuba: El único país del mundo donde no se puede comer su comida típica.
Por José Luis Fernández
2.- El Ajiaco Criollo. Por María Argelia Vizcaíno
3.- SOS: La cocina cubana agoniza. Por María Argelia Vizcaíno
4.- La cocina cubana se salva. Por María Argelia Vizcaíno
La cocina cubana se salva
Por María Argelia Vizcaíno
www.mariaargeliavizcaino.com

Sin darme cuenta he destapado una caja de Pandora, y que alegría me ha
dado, porque descubrí después de publicar mi artículo titulado "SOS: La
cocina cubana agoniza", que no estoy sola en este aprendizaje de la
incultura cubana... perdón... debí decir en este empeño por dar a conocer
nuestros valores culturales, porque en realidad hay muchos compatriotas
preocupados como yo por el deterioro y pérdida de nuestra verdadera
costumbre culinaria y por el gran desconocimiento sobre nuestros artistas
exiliados, en Cuba y en el exterior.
Entre tantas cartas recibidas contándome su propia experiencia al visitar
restaurantes que dicen vender comida típica cubana o visitar amistades
que presumen cocinar muy bien nuestra típica sazón, escojo algunos
comentarios, porque lamentablemente por espacio no puedo ponerlas
todas. Estoy segura que muchos de los que me leen también coincidirán
con sus planteamientos y aprenderemos con sus conocimientos.
El apreciado lector, el Sr. Jorge Rodiles, un santiaguero, residente de
Tamarac, Florida, me pregunta: ¿Conoce usted el matahambre hecho con
yuca rayada?... Sino, le puedo enviar la receta. Es como una panetela.
¿Conoce el afió?... es una raíz solo de Oriente (de la sierra
principalmente)... Deliciosa... También le puedo enviar recetas... Nunca lo
encontré en USA pero recientemente 'una tienda de víveres popular en el
sur de este estado' la tiene. En Puerto Rico y Venezuela donde abunda le
llaman Apio. Para los cubanos el apio es lo que llaman aquí 'celery'.
Recuerdo que el 'matahambre' se llegó a elaborar con los sobrantes en las
dulcerías, y lo vendían muy barato, pero desde 1856 aparece su receta a
base de yuca en el "Manual del Cocinero Cubano". Sobre el afió, entiendo
por la descripción de que es el llamado Apio criollo o apio en Venezuela y
Puerto Rico, Virraca en Perú, y Zanahoria blanca de Ecuador, debe ser la
Arracacha de Arracacia xanthorriza que sus hojas son como la espinaca.
Mi amigo Arturo M. Del Monte, presidente de MAD Del Monte Media Corp,
me menciona algo muy parecido que conoció en Oriente que le llamaban
yuca sagú, pero sus hojas son lanceoladas largas, parecidas a la del
plátano. El Sagú es como la Yuquilla, pero ésta echa la raíz conjunta y el
sagú lo hace por separado. Por lo que tanto sagú, la yuquilla como la
arracacha se come su tubérculo o raíz, y dicen son deliciosas.
Un experto en el arte culinario y acucioso investigador y seguidor de las
tradiciones cubanas, el Sr. Agustín Cantens, residente de Miami me dice:
Tiene muchísima razón sobre la comida cubana que ponen en la mayoría
de los restaurantes “cubanos” de Miami.  El boliche parece una carne
asada nica, lo mismo que los moros o sea arroz con frijol negro; los
empanizados Ud lo ha dicho y la carne no sabe a nada, nunca ha sido
adobada, y como utilizan las especies que en Cuba casi ni se conocían.
De lo mismo se lamentó Sonnia Pérez: Te cuento que ayer estuve por (...)  
Fíjate que lo que más me “chocó” es que había un matrimonio cubano ya
bien mayorcitos y el señor se refirió al Congrís le dijo Moros, yo le rectifiqué
y le hice la misma historia del Congrís y de los Moros de tu artículo, y la
esposa me contestó que ellos eran del pueblo de Pericos y que en Cuba
se llamaban como ellos decían, al de frijoles negros: Congrís y al de frijoles
colorados: Moros con cristianos. (...) me quedé decepcionada al pensar
que familias cubanas, no sabían ni realmente como se llamaban nuestros
platos típicos, y mucho más, siendo ya tan mayores.
Le ha pasado igual al coterráneo Héctor Molina en New Jersey: Me alegra
mucho el saber que no soy el único que defiende los platos cubanos,
especialmente estableciendo la diferencia entre el congrís y el moro con
cristianos; pero como tu dices, lo que más duele es que sean los propios
cubanos los que cuando se hace la salvedad te respondan: “bueno, da lo
mismo, al final es arroz con frijoles”.
Por eso es que escribo este tipo de artículo, que tanto desearía leyeran
todos los que trabajan en los medios de comunicación para que informen a
su audiencia o lectores, pero desgraciadamente, ya cualquiera está detrás
de un micrófono y demasiados escriben por Internet sin detenerse a
investigar y corroborar sus datos. Lo mismo le sugiero a todos aquellos
que decidan cocinar comida cubana, no importa su edad o nacionalidad,
que se guíen por los libros, muy personalmente les recomiendo Cocina de
Doña Lola, de Doña Dolores Gómez de Dumois; Cocina al Minuto de Nitza
Villapol y Martha Martínez; o Comidas Criollas en Ollas de Presión por
María Teresa Cotta de Col. Por supuesto, cada cual cocina a su gusto en
su casa, pero si vamos a representar la cocina típica cubana debemos
hacerlo lo más auténticamente posible, usando las verdaderas recetas, por
algo los Chef tienen que ir a la escuela, hay que leer, estudiar, la
composición de los alimentos para combinarlos es muy importante y sobre
todo, conservar la historia del lugar, que los cubanos estamos perdiendo.
Esto no sólo ocurre en los Estados Unidos según nos relata mi también
coterráneo Jesús Núñez García, de la ciudad de La Orotava, en Isla de
Tenerife, Canarias: Aquí sucede lo mismo, así como en Madrid y en París,
donde tengo un flat. A veces me voy a comer una langosta en La Coupole,
y lo que sirven no tiene nada que ver con aquellas maravillas que
comíamos en Boca de Jaruco o en La Terraza de Cojímar.
Otra gran cubana, la Sra. Martha Pardiño me corrobora, lo que dije en mi
escrito: Yo tengo un libro de cocina de Cuba que compré aquí en Miami en
una farmacia cubana en los primeros años de exilio (1962) para aprender
a cocinar. En ciertas recetas que aquí le ponen cilantro y culantro, eso no
existe en la comida cubana.
Es que los cilantreros son de Centroamérica y México principalmente, y el
culantro lo vemos más en algunas comidas de Puerto Rico, pero en Cuba,
que no era común se hizo popular hasta el punto de abusar de su uso,
después de la escasez de los condimentos típicos, incluso eso trajo como
consecuencias que se perdiera la costumbre de usar perejil, tan socorrido
en la cocina de nuestra abuelitas, como los ajos, el comino, laurel,
orégano, ají y cebolla. Debido a esa austeridad impuesta por los castristas
la periodista y locutora María Luisa Morales me narra como la Caldosa es
un engendro que está unido directamente a las celebraciones cada año
por la llegada del 26 de julio, un relato que merece un espacio aparte,
porque es muy importante que se conozca y no le puedo quitar ni un punto
ni una coma, y ahora el espacio no da más.
El bajista amigo Rafael Almazán se acordó de un postre que hacía su
mamá que se llama “Yemas Dobles” súper dulce, y riquísimo, pero necesita
conseguir la receta. Y el periodista Enrique Artalejo nos recuerda que en
Matanzas le dicen a la malanga guagüí y en otros lugares Yautía. También
mi coterráneo Pepito Gregorich me envía un enlace muy interesante con
relación a mi artículo.
Me halaga sobremanera las letras que me dedica el valiosísimo dramaturgo
cubano Rodolfo Pérez Valero con su apreciación sobre mi escrito, lo mismo
que lo hiciera la destacada compositora y escritora Mari Lauret. Sus
anotaciones sirven para dar continuidad a este tema que por lo que veo, le
interesa a muchísimos cubanos.
También a mi compueblana Matilde Hanna, de Burbank, California, le
pareció un escrito fabuloso y desea que no se pierdan nuestras tradiciones
agregando: Me hace pensar la verdad de tus palabras porque yo, por
ejemplo, llegué aquí de 10 años y lo que cocino “cubano” es por recuerdo,
que de verdad, se pierde con los años.  
La nota simpática la pone el excelente comediante cubano Bobby Leonard:
Madrina, es la mejor comparación que he escuchado en años...
felicidades.... nadie sabe quien es Bola de Nieve, Blanca Rosa Gil, ni
Germán Pinelli, pero todos saben quien es Daddy Yanki. y... otrosssssss.
Preguntas por una carne mechada y nadie sabe, pero si le preguntas a los
moninas y los consortes por un arroz frito te dicen que es lo mejol de lo
mejol asereeeee.
Gracias a personas como todas estas que nos narran sus experiencias y
nos dan sugerencias, es que seguimos aprendiendo sobre nuestro país y
podemos escribir sobre nuestra historia para que futuras generaciones
más interesadas  que las de ahora traten de conservar nuestro folklore,
como no hemos sabido hacerlo nosotros.
Agradezco a todos por dedicar su valioso tiempo leyéndome, porque sé
que estamos enriqueciéndonos de cubanía, y en especial a los que se
molestaron escribiéndome estimulando mi trabajo, por ustedes nos damos
cuenta que la cocina cubana no solo se salva también nuestros artistas en
el exilio, ambos desconocidos en Cuba y en Miami, y tengo la esperanza de
que seguirán siendo nuestros embajadores culturales, siguiendo las
enseñanzas de Martí, como me recuerda Mari Lauret: “La gastronomía,
como bien dices, es un aspecto fundamental de la cultura de cada país. Así
como la cultura, es fundamental para ser verdaderamente libres. Ya lo dijo
nuestro Apóstol: ‘SER CULTOS, PARA SER LIBRES’”.
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RECOMIENDA
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Gracias.
María Argelia Vizcaíno
I Love USA
Yo amo a Cuba
Cuba: El
único país
del mundo
donde no se
puede comer
su comida
típica


Por José Luis Fernández
LavozdeCubaLibre@aol.com


La destrucción que ha sumido
a la isla de Cuba el socialismo
es de un nivel increíble, aun
para nosotros que hemos
sufrido paso a paso las
actividades del gobierno de
Fidel Castro, desde su toma
del poder en 1959, hasta la
fecha. Ya hemos informado de
la destrucción de los edificios
y los medios de comunicación.
Hemos informado como
durante mas de 40 años,
mientras que la población se
duplicaba, el régimen no
ampliaba, ni siquiera
arreglaba, los servicios de
acueducto y alcantarillado, la
energía eléctrica o las
viviendas. De acuerdo a
estadísticas del propio
gobierno socialista el 40 por
ciento de los edificios de la
isla se han derrumbado o son
inhabitables.

No se han construido, no solo
viviendas, tampoco hospitales
ni escuelas. Sobre esto ultimo
todas las familias que residen
en Cuba han tenido que
convertir portales en
habitaciones, fabricar al estilo
de las “favelas” de Brasil,
cuartos en los antiguos
“patios” de la casa y
“barbacoas” una especie de
“mezannine” donde instalar
una cama que en verano es
un horno y en invierno una
nevera. Todo esto para que
las nuevas generaciones -
hijos y nietos- tengan donde
dormir hasta poder heredar
los dormitorios de la actual
cabezas de familia, los
matrimonios mas viejos.

Todo esto ya lo sabíamos y lo
hemos informado en mas de
un artículo. Al igual que el
bloqueo que el gobierno
cubano mantiene sobre su
pueblo. Los cubanos están
bloqueados de los
restaurantes, los hoteles de
lujo ¡hasta de sus playas!
Todo es para uso y disfrute
exclusivo de los extranjeros.
Pero, repetimos, ya todo esto
lo hemos comentado y casi
estamos acostumbrados a
dicho escenario.

Lo que nos ha sorprendido,
con una conversación que
tuvimos recientemente con un
guajiro (campesino cubano),
es que el socialismo ha casi
acabado también con las
frutas típicas cubanas. Es
publico y notorio que con el
afán de sovietizar a la
industria azucarero, Ernesto
Guevara, alias “Che”, arrasó
con hectáreas y hectáreas de
árboles frutales en la región
oriental, a fin de que pudieran
funcionar las “combinadas
soviéticas”. El aventurero
argentino no solo acabo con
los árboles frutales sino que
acabo también con la industria
azucarera. De mas de 150
centrales azucareros que
daban trabajo a una gran
parte de nuestra población
campesina, ya solo quedan
funcionando apenas 45. De
siete millones de toneladas de
azúcar producidas en 1958, el
año anterior a ocupar el
gobierno la revolución
socialista, este año solo se
produjeron apenas un millón
doscientas mil toneladas. La
“azucarera del mundo”, como
llamaban a Cuba antes del
socialismo, por segundo año
consecutivo ha tenido que
IMPORTAR 200,000
toneladas de azúcar. .

De acuerdo a nuestra
conversación con este joven
campesino, de la región del
Cuyaguateje, en Pinar del Río,
el mismo desconoce LA
MAYORIA de las Frutas
Cubanas. Aun cuando apenas
solo había probado algunas
durante su vida, conocía los
mangos (aunque no las
distintas variedades que
disfrutamos los afortunados
que vivimos nuestra juventud
en la isla antes del
socialismo). También conoce
la piña, el coco, la mayor
parte de los cítricos. Llego a
probar el mamey y otras de
las frutas que abundaban en
Cuba, durante su estancia en
Miami. Pero, lo que motiva
esta nota, lean bien, este
guajiro cubano no conocía....
no había visto nunca, ni
siquiera había oído hablar de
ellas, las siguientes: el
caimito, el plátano manzano,
el anón, la chirimoya, la
guanábana...

Como final de esta corta nota,
debo decirles, que de acuerdo
a este joven guajiro, el plato
típico del campesino cubano,
EL AJIACO, en el único país
del mundo donde no se puede
hacer es precisamente en
Cuba.-